De la tragedia a la farsa

Si se cumple la previsión de que Pedro Sánchez solicitará un nueva prorroga del estado de alarma, los ciudadanos españoles y los residentes de otras nacionalidades cumpliremos mas de 100 días en este año 2020 en confinamiento y restricción de derechos y libertades. Con un saldo de fallecidos, infectados, vigilados, menos preciados y abandonados a su suerte que excede de cualquier referencia a nuestra población en comparación a la de otros países con el mismo nivel de desarrollo.

Todo empezó obviando la información disponible sin la más básica diligencia exigible, subordinada a la ruta política que el Gobierno de coalición se había marcado. Hoy tenemos dos modelos de registro y cómputo de la serie de datos de fallecidos e infectados, en las que para mayor escarnio hay manipulación y alteración de los que fueron incorporados en las primeras semanas de la pandemia, como informa el periodista Carlos Cuesta.

El Gobierno ha estado más preocupado en controlar y contener la contestación ciudadana que empezaba a circular por las redes sociales que en dar información veraz y transparente. Mas interesado en ofrecer en la TV pública un escenario amable de música, gastronomía y aplausos que la cruda imagen de los féretros apilados en morgues habilitadas. Y más aplicado en mantener un estado de miedo y anestesia en la ciudadanía, con las instituciones paralizadas, que en dar explicaciones de su incompetencia en la gestión y en la compra de material sanitario.

El mando único y centralizado del Gobierno de Pedro Sánchez, escudado en su apelación a la ciencia, al comité de expertos y a la unidad solo tenía claro la orden de confinamiento. Todo los demás es y han sido unas prácticas incompatibles con el estado de derecho constitucional -al control de las redes sociales le llamaron lapsus-, incapaces de proporcionar un respaldo al sistema sanitario nacional -mas de 50.000 sanitarios contagiados acredita su abandono- e inmersos en la improvisación, la mentira y la ineficacia en la gestión de ayudas paliativas a los sectores económicos mas afectados.

Para completar el escenario se han dedicado a desprestigiar el sector del turismo – Garzón, el ministro de la cuota de IU, reafirma tras sus declaraciones que su opinión es inobjetable-; a amenazar a los empresarios de la agricultura con la inspección de trabajo y a puentear el dialogo social con un indigno pacto con Bildu, la continuadora línea visible de ETA.

Alberto Núñez Feijóo ha sintetizado la penúltima actuación del Gobierno de coalición con una pregunta: ¿Qué le deben los españoles a Bildu? La respuesta son tres preguntas más. ¿Qué le debe Pedro Sánchez a Bildu? ¿Qué le debe a ERC? ¿Qué le debe a Pablo Iglesias? Y la última de ellas, la más relevante, es si los españoles estamos dispuestos a pagar las deudas de Pedro Sánchez.

Lo peor que le puede suceder a España en un momento de su historia con tanto sufrimiento e incertidumbres es tener un Gobierno de coalición que se ha convertido en un espectáculo más propio del Club de la comedia, vacío de rigor y capacidad para liderar y gestionar un programa de recuperación económica y social. Un programa que necesita el apoyo sostenido de la Unión Europea y complicidad de las instituciones internacionales a fin de transmitir seguridad a los inversores internacionales.

El desmoronamiento de este Gobierno es exponencial. Se ha terminado la credibilidad de las producciones de la factoría Moncloa - That,s all folk como en la presentación de los dibujos animados del cerdito de los dibujos animados de Looney Tunes.

Por mucho que pretendan los portavoces socialistas desplegarse en los medios y colarse en las redes sociales, lanzar fango sobre el PP y sus dirigentes e imputarles responsabilidad en el acuerdo Sánchez-Otegui, la indignación ha saltado ya a la calle. Y va a crecer porque quedan por delante meses muy duros en los que se van a manifestar los efectos destructivos de estos más de 100 días de estado de alarma.

Decía el Gobierno de mas ministros de la democracia que tenían una agenda hasta el año 2030.La agenda frente a esta pandemia es que España está al este y Portugal más al oeste. Que Madrid está en la línea de Pekin, Milán y Nueva York. Y que ha convertido la respuesta de un Gobierno democrático ante esta tragedia de vidas perdidas de compatriotas en un zoco de compraventa de apoyos políticos para el manual de resistencia.

Karl Marx tomó la frase de Hegel al describir el golpe de Estado de Luis Napoleón Bonaparte: La historia ocurre dos veces. La primera vez como una gran tragedia. La segunda vez como una miserable farsa.

Y añade en el prologo de su libro El 18 Brumario de Luis Bonaparte: “Yo, por el contrario, demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe.”

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