El Gobierno de las prohibiciones y del desastre

No hay nada mas cierto que la aritmética. España en su día 32,5 contabiliza 117.710 casos de coronavirus. Italia en su día 33, sumaba 80.589. Por tanto, España lleva una velocidad de contagios que crece a un ritmo de mas del 45% que el crecimiento de los italianos. Y si computamos los fallecidos por el virus en España el mismo día 32,5 hemos alcanzado la cifra de 10.935 cuando en Italia a la misma fecha estaban en 8.215 muertos con un diferencial de un 34% mas en nuestro negro casillero. Números fríos y datos que puede consultar en el diario El País.

Detrás de cada uno de ellos hay nombres e historias de la vida, familias y amigos, amores y recuerdos.

¡Como este país nuestro puede tener el veinte por ciento de los muertos en todo el mundo y el veinticinco por ciento de los fallecidos en Europa, con una población de 47 millones de habitantes que no llega al 6,5% de la población de Europa!

Y todavía oímos a la sustituta de Fernando Simón en la diaria rueda de prensa -que ahora nos recomienda mascarillas- que no hay un recuento correcto de los ingresos en las UCI ya que la Comunidad de Madrid da uno datos acumulados.

Algunos pronosticaban hace algunas semanas que llegaríamos a los 15.000 fallecidos, una cifra que causaba espanto. Desgraciadamente a este ritmo nos aproximaremos a los 25.000.

Imprevisión, incompetencia, desinformación, desorganización y manifiesta incapacidad para dirigir este país del gobierno con mas vicepresidentes y mas ministros de nuestra democracia que se ufanaba de que todo había cambiado desde su llegada. El gobierno de la liga de las estrellas, retomando la senda y la herencia que dejo Zapatero que un día de mayo de 2010, abrumado por la realidad, hizo fú y desapareció.

¿Será que este país nuestro, sufrido y estoico tiene una maldición que se repite en forma de Gobierno que no sitúa cada diez años al borde del precipicio que nos asoma a la sima del desastre?

Y en nuestra arquitectura constitucional, los derechos y libertades prohibidos, restringidos o simplemente anulados. Con el Congreso de los Diputados sustituido por las ruedas de prensa con preguntas previamente amañadas para desarrollar el guion de las comparecencias del presidente del Gobierno.

Se ha sustituido el control democrático por la propaganda gubernamental que nos regala diariamente el parte de TVE que cierra su edición con la noticia de los aplausos a una enferma extubada y con una actuación musical para subir la moral al pueblo, de igual manera que en la dictadura se cerraba con los coros y danzas.

Un estado da alarma que está regulado por la Ley 4/1981 y que en sus artículos 6, 8 y 11 delimita su aplicación y efectos, siempre vinculado a la protección de personas, bienes y lugares.

La autorización de prorroga que otorga el Congreso de los Diputados puede establecer el alcance y las condiciones vigentes durante la prórroga. Y así debe hacerlo la oposición. Por tanto, no es un cheque en blanco para el Gobierno que lo está utilizando como una habilitación genérica para suspender derechos y libertades constitucionales y dejar en suspenso los demás poderes del Estado.

El Gobierno tiene ademas la obligación de dar al Congreso la información que le requiera, lo que no está haciendo al amparo de los reales decreto ley -vamos por el número 11 en tres meses- que está aprobando en Consejo de Ministros.

Y el estado de alarma tiene un contenido propio que recoge su artículo 11 que le permite limitar, no suprimir, intervenir transitoriamente, no con vocación de permanencia y en definitiva actuar con proporcionalidad y sin desbordar el fin y el contenido propio, como está haciendo el Gobierno en una deriva hacia el estado de excepción.

Es significativo que las dos veces que se ha declarado el estado de alarma en la España constitucional lo ha sido por el PSOE, en septiembre de 2010 por la huelga de los controladores -recuerdan a Pepiño Blanco- y ahora el 13 de marzo por la epidemia del coronavirus.

¿Se imaginan lo que hubiera dicho la izquierda política y mediática si el Partido Popular hubiera declarado el estado de alarma durante alguno de sus gobiernos?

Al Gobierno progresista se le nota cómodo con el estado de alarma, gobernando por Decreto ley y con el país atemorizado con las ruedas de prensa del doctor Frankestein Illa y de su asistente Igor Simón.

Lo último el control de los móviles. Cuidado que así empiezan las dictaduras.

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