El territorio de los test

En el  universo del big data el mundo afronta la pandemia del coronavirus tres meses después de su eclosión en la región China de Wuhan, con unos datos primarios y la constancia de que no se están suministrando con la misma metodología en todos los Estados de la UE y tampoco en España en todas las Comunidades Autónomas.

La confirmación de casos de coronavirus a efectos de los recuentos por las Comunidades está directamente vinculada a la realización de test para su detección. En la página web de la Vicepresidencia segunda del Gobierno que corresponde a Pablo Iglesias, de la que cuelga el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, se publica en forma de tuit la adquisición de 640.000 test rápidos de los que se han distribuido a Madrid 8.000. En los restantes días, anuncian, se procederá a proporcionar test a las restantes Comunidades.

Todos los Gobiernos autonómicos quieren tener test, pero el proceso de detección precoz está desgraciadamente superado en la evolución de la pandemia y una vez acordado el estado de alarma que ha decretado el confinamiento.

Tampoco hay un criterio que cribe la sintomatología que prescribe la oportunidad de realización de un test. Parece que lo razonable sería que a partir de una determinada fiebre es aconsejable realizar el test. Sin embargo hoy en la comparecencia de Fernando Simón ha explicado que ayer sintió molestias y le fue realizado un test que dio negativo. Prueba que también se ha realizado al vicepresidente Pablo Iglesias y al propio Pedro Sánchez, a ambos por razones de proximidad a su pareja, Irene Montero y a su cónyuge en el caso del Presidente que habían dado positivos.

La pregunta es si este es el criterio de prescripción general para la realización, de manera que se hace el test al entorno próximo de todo positivo detectado o si es una práctica singular y excepcional que altera el principio general de igualdad en el derecho a la salud. Si no se están realizando test en los entornos de convivencia siempre que concurre un positivo detectado, habrá que concluir que no hay una respuesta general e igualitaria por el sistema sanitario.

No tenemos información sobre el número de test y fechas en que se han realizado por Comunidades que es el primer parámetro para determinar el número  de positivos que se detecta en relación con las pruebas realizadas. La impresión es que los datos están siendo proporcionados por los hospitales que son los que realizan los test de los pacientes que llegan en un estado de sintomatología lo suficientemente grave a los centros.

Y esta política que es una medida de sanidad de guerra, atender a los más graves, es la única posible ante una escasez de medios. Los últimos días estamos viendo una polémica en relación a los suministros de material sanitario, intensificada en la conferencia de Presidentes autonómicos.

Sus quejas recuerdan al permanente ritornello que nos ofrecen los Gobiernos territoriales del no tenemos financiación, tan utilizado para encubrir los propios errores e incompetencias. El modelo financiero de las autonomías, definido en los tiempos de la transición, se comporta como un sistema federal en las políticas de gasto –cada uno gasta lo que quiere y en lo que quiere- y como un sistema centralizado en la política de ingresos que permite presentar a sus Gobiernos como permanentes irresponsables y no asumir el coste recaudatorio.

Esta perversión alcanza su mayor intensidad cuando se producen situaciones tan excepcionales y dramáticas como la que se está viviendo con la pandemia. La tendencia al sálvese el que pueda es una constante en el género humano.

Ciertamente el Gobierno de la nación ha cometido importantes errores en la gestión de la crisis. Pero está apareciendo un cierto oportunismo provinciano que bajo la queja de que no tenemos material pretende eludir su responsabilidades como Administración Sanitaria que compete a los Gobiernos autonómicos.

Cuando esto acabe, habrá también que repasar si nuestro modelo fraccionado de competencia sanitaria es operativo para responder a las situaciones de crisis. Y si la planificación del mapa hospitalario y asistencial tiene que tener criterios objetivos y racionales más allá del quiero un hospital para mi pueblo.

En todo caso, lo patriótico en una nación son los test y los medios para el personal sanitario y los grupos de riesgo más necesitados, en función de la extensión de la pandemia, estén en la Comunidad que estén.

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