Montesquieu sigue vivo

En la política nada es gratis. Ni los acuerdos, ni los votos ni por supuesto las abstenciones. El precio, si bien aplazado hasta las siguientes elecciones, se paga.

Es evidente que el BOE cada día que se pública desprende mucho poder. Pero toda decisión política genera su victimario, y el ejercicio del poder produce contradicciones que cuando son insoportables se difunden y causan estado en la opinión pública. Hoy se hacen virales.

El ejercicio del poder siempre encierra una frustración entre lo que idealmente se pensaba hacer y lo que realmente se hace, pues la estructura democrática no solo se caracteriza por la división de poderes -Montesquieu sigue vivo- sino también por el juego de equilibrio entre los poderes. Un equilibrio sutil, pero que tiene sus fortalezas que permiten activar los contrapesos.

La confianza que ha recibido del Congreso el candidato Pedro Sánchez es indudablemente legal, por ser conforme a las previsiones constitucionales y legítima, porque esta basada en el procedimiento y los principios democrático que regula las votaciones para la adopción de acuerdos.

Algunos parlamentarios deberían leer la teoría de la legalidad y legitimidad que enseñaba el catedrático Legaz Lacambra en la Complutense y que citaba a Max Weber que distinguía históricamente entre la legitimidad carismática, racional y la tradicional. Y añade que hoy la legitimidad es “la obediencia a preceptos jurídicos positivos estatuidos según el procedimiento formal y usualmente correctos”

Legalidad y legitimidad son hoy conceptos en el Estado Democrático de Derecho que no pueden ser distorsionados desde apelaciones a mayorías democráticas o sentimientos, como reiteran los políticos independentistas.

Por tanto el gobierno que forme el Presidente Sánchez y la mayoría que le sostiene no podrá: 1.Modificar la Constitución sin seguir los procedimientos y mayorías establecidos en la propia Constitución.2.Tampoco podrá aprobar proyectos de Ley sin que se cumpla el procedimiento legislativo y obtengan la mayoría necesaria que en el caso de las Leyes orgánicas exige la Constitución que sea absoluta.3.Ni podrá aprobar leyes ordinarias ni disposiciones generales que incurran en vicio de inconstitucionalidad o vulneren derechos o libertades fundamentales.

La mayoría coaligada y los grupos parlamentarios que son su círculo de protección podrán constituir las mesas políticas que les parezcan, dialogar todo lo que quieran y abrazarse con profusión. Pero gobernar se traduce en aprobar leyes, gestionar y aplicar disposiciones generales cumpliendo la legalidad y la legitimidad constitucional.

¿Cómo se compadece el acuerdo múltiple de investidura con el marco comunitario de la UE, el Ordenamiento Jurídico vigente, la seguridad jurídica y la irretroactividad de las normas sancionadoras o restrictivas de derechos con la pretensión de conceder indultos, hacer efectivo el derecho de autodeterminación, sustituir la monarquía parlamentaria y desmantelar el Estado en una o dos Comunidades Autónomas que son España? De acuerdo con la aritmética parlamentaria, hoy por hoy, no hay viabilidad para ejecutar el pago del precio que han formalizado independentistas y nacionalistas con los socialistas.

Está imposibilidad de conseguir efectos políticos inmediatos que Sánchez camuflaba en la apelación al desbloqueo institucional, provocará frustración de ERC que ha decidido apostar todo al indulto de Oriol Junqueras, como la puerta que abre la constitución de la República catalana. Una estrategia que no comparten ni los de Puigdemont ni los de la CUP, instalados en el espacio independentista más radical y que no van a mantenerse impávidos ante un modelo de relación diseñado por ERC y patrocinado por Podemos, del que se les excluye como protagonistas.

Sin la conformidad de Bruselas y sin que Oriol Junqueras quede libre para ejercer como parlamentario europeo primero y como candidato en las elecciones catalanas después no habrá presupuestos, a pesar de tantos actores secundarios que han subastado su voto a cambio de concesiones.

La fiesta y el alborozo de la investidura han acabado. Ahora llega la realidad y el acuerdo político tiene tantas incertidumbres como un castillo de naipes montado sobre un tranvía.

De momento, fuegos artificiales en forma de promesas de subidas de sueldos a funcionarios y pensionistas e inversiones en Teruel que, por mucho que les cuenten, no se va a convertir en Silicon Valley en cuatro años.

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