El acuerdo de investidura

Que una vulgar redacción propia de un alumno de primaria se convierta en el documento marco de un acuerdo de Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos, sería una anécdota sino fuera porque tiene todas las papeletas para convertirse en una realidad con fecha enero de 2020. Y porque los 10.297.472 ciudadanos que ha votado a los 150 diputados de PP, Vox y Cs tendrán que soportar la demagogia, la irresponsabilidad y la claudicación de España ante un Gobierno que representa a 9.850.168 de electores que han obtenido 155 diputados.

Detrás de este Gobierno estarán los partidos que recogen las aspiraciones del movimiento caciquil y provinciano de los BNG, regionalistas Cántabros, PNV, nacionalistas canarios, Teruel Existe y Compromis valenciano fagocitado por Más País.

La España en mosaico que se diseña desde las tertulias del Casino de la calle principal de las provincias, cuyas paredes hace 100 años que oían los mismos lamentos de la boca de los ensimismados próceres, incapaces de mirar al mundo ni mas allá de sus pequeños intereses.

En esta España nuestra de los gobernantes que vienen, que no quieren la libertad que canjearon hace tiempo, no hay ninguna reflexión sobre la economía global, el reencuentro y el papel de Europa, la modernización del país al compás del tiempo de la tecnología, el sistema electoral, la emigración o las pensiones.

Frente al independentismo catalán que dirige y patrocina el sabotaje de España desde el poder público de las instituciones catalanes, el Gobierno de la Generalidad y el Parlamento, Sánchez se pone en manos de Iglesias que le diseña un modelo de gobierno con un programa económico alumbrado en el bar de la universidad por los profesores interinos y maquillado de izquierda bolivariana.

Derecho de autodeterminación para Cataluña con los nacionalistas vascos en lista de espera, Banca pública sobre las cenizas de las Cajas de Ahorros, más impuestos a las empresas y a los ciudadanos más activos, y modelo educativo intervenido cercenando la educación concertada, son propuestas que se presentan junto el trato digno a los animales, las casas de apuestas, las políticas feministas, combatir contar la precariedad en la cultura, la eutanasia y “asegurar España como país de memoria y dignidad”.

La elecciones han constatado una constante en las elecciones generales. El sistema acredita dos grandes bloques de derecha e izquierda que se mueve en moderados porcentajes en cada convocatoria. La diferencia fundamental hasta ahora es que el PSOE y el PP mantenían un acervo común en sus gobiernos asentado en el modelo de país definido en la Constitución de 1978. Un modelo que, desde 2004 con Zapatero, se agrieta en los principios que sustentan la Constitución. En el Estado con el reconocimiento de la bilateralidad, en convivencia con la memoria histórica, en Europa con la Alianza de las Civilizaciones, y en economía con el abandono de las políticas europeas de austeridad y de rigor frente a la crisis -el Plan de inversiones en aceras- lo que provoca la intervención y el rescate de la UE.

Un Gobierno contemplativo ante el sabotaje de las fronteras por los piquetes del independentismo catalán dispuestos a cerrar España y Barcelona, sin importarles los daños personales y económicos que están causando a miles de ciudadanos.

Un Estado que se mantiene inerte y con los brazos caídos, mientras nuestros vecinos franceses recuperan con sus fuerzas de seguridad nacional la normalidad en su frontera y nos devuelven a los saboteadores independentistas.

Y frente a este escenario, el fraccionamiento del centro derecha demuestra que la estupidez en la política la compra cualquiera, no tiene precio.

Recordando a Ortega después de estas elecciones con el Gobierno que se avecina, “no hemos heredado ideales y virtudes; ciertamente solo hemos heredado problemas.”

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