Encuestas, ensoñaciones y realidades

La palabra ensoñación que ha dado tanto juego en la sentencia del Tribunal Supremo que ha condenado por delito de sedición a los actores protagonistas del “procés” en Cataluña, describe muy certeramente el estado electoral en el que se mueve la política.

El diccionario de la RAE la define como “acción y efecto de ensoñar, ensueño”. Y hay que acudir a la segunda acepción de ensueño - “ilusión, fantasía”- para comprender su real significado.

El juez Marchena ha sintetizado en una sola palabra la actividad que practican los políticos  con especial intensidad cuando llegan las elecciones: vender ilusión con fantasía.

Rivera, el hombre que pudo ser, la esperanza blanca, ha presentado un decálogo manuscrito de propuestas que la gran mayoría de los españoles suscribiríamos. Eso sí con un cierto desorden que revela que no tiene claras las prioridades o que le falta tener en la cabeza al Estado para marcar objetivos prioritarios y que permitan alcanzar cada propuesta presentada.

Está muy bien lo de favorecer la natalidad. Este país envejece y estamos compitiendo con Italia en el menor porcentaje de nacimientos por habitante de la UE. Pero para llegar a favorecer la natalidad, es necesario modernizar nuestra economía de servicios para que cree más empleo de calidad que permita a las nuevas parejas incorporarse antes y en mejores condiciones al mercado del trabajo. Y ello tras recibir una educación más adaptada a la realidad laboral y al mundo global, con profesores que actualizan su formación y que se aleje del provincianismo aldeano de las Comunidades y de la endogamia secular de las Universidades. En un país sin corrupción.

Y que exista una legislación de protección social y fiscal que permita a los padres y especialmente a las mujeres compatibilizar su vida laboral con el cuidado de los hijos en sus primeros años. Y acceder a una vivienda con unos impuestos que no conviertan la compra de una casa en la inversión más penalizada fiscalmente.

Los electores que hayan leído  la portada de ABC querían preguntar a Rivera: y todo esto, cómo y cuándo. Y el candidato que ha sido valiente en Cataluña y  cuando se define como liberal en este país nuestro que aplaude al pícaro y al ventajista, debería explicar que lo primero que hay que hacer es cambiar la ley electoral para que no tengan una sobre representación los que quiere romper el país en su propio beneficio.

El momentum no le favorece a Cs, víctima en gran medida de sus propios errores. Si las encuestas publicadas muestran una divergencia en el arco de diferencia entre el PP y el PSOE, reflejan un consenso en dos datos. La subida de Vox y la caída libre de Cs. Dos efectos que tienen causas diferentes. Vox sube gracias a Torra, a Sánchez que ha resucitado a Franco y al Tribunal Supremo, en el que paradójicamente el ejercicio de la acción penal por Vox ha sido absolutamente intrascendente. Y Cs pena su paso atrás en Cataluña y  su poca cabeza en la administración de su último resultado electoral. Porque más que repita en el Hormiguero que “el Rey no le había propuesto” tras elecciones de abril, lo cierto es que ha desandado el camino que había recorrido.

Pedro Sánchez defiende su posición inexpugnable desde todos los resortes del poder. En La Moncloa y en el Centro del brujo sociólogo Tezanos que remueve la olla de las encuestas para separar el grano del PSOE de la paja de Unidas Podemos y  del niño Errejón que en un mes se había aburrido de Madrid, al que acogerán más tarde en la casa de Ferraz.

En el PP aspiran a recuperar el suelo que tenía el partido en los tiempos de Fraga ante el fraccionamiento de un electorado que presentan síntomas de ser crónico. Si el consenso de los encuestadores dice que el PP se mueve en mas/menos un 20 %  y Vox en un 13%, quiere decir que a los populares se les ha ido una tercera parte del electorado .Y por el centro el colchón de rozamiento y de crecimiento del PP con el PSOE es cada vez más delgado por la caída de Ciudadanos.

TV 2 repuso la excelente película de Sindey Lumet, estrenada en 1976, “Network Un mundo implacable”, que alguno calificó de profecía sobre el mundo de las televisiones y de la comunicación. Cuenta la historia de un periodista Howard Beale que cuando iba a ser despedido se convierte en un boom mediático con la frase “estoy harto y no quiero seguir soportándolo” que se hace viral.

El 10 de noviembre el porcentaje de abstencionistas reflejará a los seguidores del periodista desequilibrado que contaba las verdades del barquero desde la pantalla de la TV.

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