Errores, sentimientos y legalidad

Albert Rivera ya reconoce el error que tantos compañeros, observadores y ciudadanos habíamos advertido. Ahora ofrece sus voto a Sánchez y le propone un decálogo de prioridades nacionales sin necesidad de entrar en el gobierno. Y al mismo tiempo se ofrece a   PP y Vox para formar un mayoría, en media hora, si el número de diputados permite una mayoría alternativa.

Demasiadas geometrías variables que a los electores y simpatizantes de Ciudadanos les sumen en la  desorientación.

Albert Rivera tenía todo a su favor cuando se convirtió en la primera  fuerza política en Cataluña en las elecciones autonómicas del 2017 y su candidata Inés Arrimada no se presentó a la investidura. Un desistimiento que le ha costado al partido de Rivera casi un millón de votos en elecciones sucesivas, generales, europeas y municipales.

Y se equivocó también cuando no ha sido capaz de llegar a un acuerdo con Pedro Sánchez para articular un pacto de legislatura, teniendo además el precedente del pacto que suscribió con Susana Díaz en Andalucía que sin duda le aportó réditos electorales.

Sus errores unidos a los de Pablo Iglesias han causado el efecto de que este país anhele los tiempos del bipartidismo cooperativo en lo nacional y diferenciado en las políticas concretas. Los nuevos políticos, la nueva política necesita maduración.

Ambos políticos tendrán que convencer que sus errores no fueron tan importantes. Que han comprendido el mensaje de los electores. Que domesticaran sus egos excesivos. Y que para ganar  el cielo lo primero que hay que hacer es levantar la mirada y no perder los pies del suelo.

No han comprendido que los electores en España han tenido y tienen un comportamiento muy racional. Repasan ante la urna el pasado, pero proyectan el futuro y  quieren moldear una respuesta política que permita seguir progresando con estabilidad, modernidad y confianza ante los retos y cambios que tiene España.

Pedro Sánchez lo ha entendido desde La Moncloa y lo ha aprendido cuando ha participado en cumbres internacionales y reuniones con mandatarios de otros países. España está en una situación admirable en muchos aspectos que conforman la realidad social y económica del país. Hemos salido de una durísima crisis con costes sin duda, pero se ha demostrado que hay muchas capacidades y que somos un excelente lugar para inversiones, turismo y además tenemos una estructura empresarial capaz de competir en los mercados internacionales.

Lo que los visitantes, sean inversores o turistas extranjeros, no entienden son las manifestaciones de una capacidad autodestructiva en una parte del país que convierte el hecho diferencial en un conceptos  tan arcaicos y poco democráticos como la raza y el aislacionismo reduccionista. Un planteamiento independentista que pretende apropiarse de una parte del territorio y que acredita una radical insolidaridad con sus conciudadanos.

Pedro Sánchez ha comenzado su particular travesía al centro político y ha marcado distancias con el independentismo irreductible, desleal y  antipático del Presidente de la Generalidad.

El proceso catalán va a tener un hito decisivo con la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo que va reponer el quebranto de la legalidad que perpetraron los dirigentes independentistas. La subsistencia de cualquier Estado no podía permitir que se pusiera en jaque la Constitución en razón a un “sentimiento” que se adornaba de manifestación del espíritu del pueblo.

Hay que recordar que al amparo de los nacionalismos y del espíritu el pueblo se han propiciado grandes tragedias en la Historia.

Pero la sentencia no será el punto final del problema catalán. Será necesaria perseverancia  y una voluntad firme para recuperar la normalidad del Estado en Cataluña será necesario que la respuesta sea proporcional y gradual, pero no pueden quedar impunes los retos y desafíos que vulneren la legalidad.

Lo han explicado Mariano Rajoy y Felipe González en La Toja. Los sentimientos no se sobreponen a la legalidad.

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