El debate de investidura: los costes de ruptura

El fallido debate de investidura de Pedro Sánchez no da como resultado, después de dos días de debate, que el peor parado haya sido el candidato. Es cierto que la revelación de las conversaciones entre PSOE y Podemos, Sánchez versus Iglesias, han confirmado una constante en nuestra democracia desde 1978. El PSOE y la izquierda a la izquierda de los socialistas se han detestado siempre. Recuerden los debates entre Felipe González y Julio Anguita. El PSOE nunca ha gobernado con el PCE y sus versiones posteriores. Y la tradición se ha cumplido.

Ahora además esta nueva izquierda, tardo comunista y enlucida de populismo, consolidada en un modelo reconvertido de diarquía conyugal en el que ha depurado a la mitad de la nomenclatura, ha acreditado que no es más que una pandilla del bar de la facultad, dispuestos a colmar la ambición de la pareja dirigente.

A los ciudadanos les importa muy poco si La Moncloa vetaba a Iglesias y promocionaba a Montero, lo que revela algo que se confirma día a día. Los nuevos partidos, Podemos y Cs se han convertido en proyectos hiper personalistas que giran alrededor de dos parvenus que están asentados en un ego desmesurado, equivalente a la insustancialidad intelectual de ambos.

Ni Rivera ni Iglesias progresan adecuadamente. No hay ni nuevos partidos ni nueva política. El líder de Cs al que traiciona su lenguaje gestual -desabrido y descompuesto- hace bandera de un liberalismo que no practica. Está perdido tras las elecciones generales en las que apostó todo a superar al PP, sin conseguirlo. Sus intervenciones en el debate de investidura han sido intrascendentes y su agresividad verbal frente a Sánchez como una respuesta a quienes le reclamaban sentido de Estado se ha vuelto contra él. Montar una intervención en un debate de investidura en modo trifulca, repitiendo el calificativo de la banda de Sánchez hasta la saciedad de los espectadores, demuestra que se ha quedado sin recursos en el discurso y huérfano de colaboradores de primer nivel. La última salida la De la Torre que vuelve a la Inspección de Hacienda y abandona, uno más, la ejecutiva de Cs.

Pablo Casado en su intervención fijando la posición del grupo Popular ha hecha una intervención muy notable. Bien asesorado, ha demostrado que ha madurado estos meses y ha aprendido que no necesita sobre actuar para emular ni a Rivera ni a Abascal. El PP tiene que mantener un discurso y una estrategia de Estado que revierta la pérdida de confianza de los electores, demostrando que la organización política ha recuperado solvencia y es la alternativa real y natural al gobierno del PSOE. Lo demás, fuera del PP es pura inconsistencia.

En cualquier caso, no hay que convertir en un pequeña tragedia lo que no es más que una previsión constitucional que ya hemos experimentado sin traumas. Desde la perspectiva más democrática, dar nuevamente la palabra a los electores es impecable. Y además el país no está parado. Las administraciones públicas funcionan con profesionalidad y nuestra estructura social y económica no se resiente por tener un Gobierno en funciones .

Lo que es profundamente insatisfactorio es observar que el Congreso de los Diputados los representantes de la soberanía nacional no traen a debate y acuerdo los problemas reales que amenazan los próximos años. La ruptura de la UE con la nueva versión del Brexit by Boris Jhonson, el excéntrico ex Alcalde de Londres, dispuesto a tensar al máximo el canal de comunicación con la UE, lo que puede ser una oportunidad para España. Los nubarrones de los tiempos que se auguran en la economía, con los Bancos Centrales que van a continuar en la práctica adictiva de las facilidades cuantitativas monetarias por enésima vez en un mundo global que no reacciona a los estímulos como se pensaban. La última teoría pide programas para comprar acciones y bonos de sociedades e incluso proporcionar una renta mínima general a fin de favorecer el consumo. El capitalismo intervenido y dirigido desde los Bancos Centrales, con tipos negativos en la emisión de deuda pública que sobrealimentan el sistema financiero, incapaz de gobernarse por si mismo y sobre el que recaen serias dudas de la fortaleza de su solvencia.

El último episodio, después de Italia, los graves problemas del Deustche Bank en una Alemania en la que todo parecía perfecto.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *