Sánchez acierta y Rivera a la rueda del PP

En las elecciones en este país, cuando hay incertidumbres, se vota seguridad. Y la seguridad la ofrece el BOE que publica lo que acuerda el Consejo de Ministros cada viernes.

Pedro Sanchez y la factoría Moncloa han jugado sus cartas con estrategia definida y decidida desde el día que presentaron la moción de censura que el gobierno de Rajoy no supo prever ni gestionar. Primero tenían que instalarse en la Presidencia del Gobierno. Después hacer política incorporando voluntades mediante los decretos-ley que cubrieron el espacio que capotó con los presupuestos que no se aprobaron Y finalmente marcar la agenda electoral y la campaña en función de sus intereses, como debe hacer todo gobierno que se precie de ello.

Las elecciones las pierden los gobiernos, no las gana la oposición. Y esta máxima electoral se ha cumplido porque el gobierno ha ganado.

Pedro Sanchez va a formar gobierno y no se va a dar el supuesto de una segunda convocatoria electoral. Alcanzará su investidura en segunda votación con el rito habitual de discursos de matizaciones y explicaciones y probablemente podrá formar gobierno antes del mes de agosto. Presentará presupuestos en el último trimestre que obtendrá mayoría suficiente para su aprobación, entrando en vigor en el ejercicio 2020.

En este escenario, Unidas Podemos que ha perdido 29 escaños, un cuarenta por ciento de los que tuvo en 2016, no tiene otra alternativa que apoyar la investidura de Pedro Sanchez sin plantear exigencias maximalistas como sucedió en 2015.La moneda de cambio no será su entrada en el gobierno. Podrá proponer, insinuar o favorecer algunas políticas o gestos o tener algún cargo de consolación, pero Sanchez no va abandonar la reiterada declaración que ha mantenido durante la campaña en el sentido de formar un gobierno de socialistas e independientes. Si ha sobrevivido con 85 diputados sin el apoyo expreso de Unidas Podemos, con 123 y Pablo Iglesias comportándose, en esta legislatura estará mucho más cómodo.

El resultado del PP es la crónica de una historia anunciada desde el momento en que pierde 71 diputados, más del cincuenta por ciento de los que obtuvo en 2016.El fraccionamiento de sus votantes en tres formaciones hace que entre los tres partidos sumen 11,142 millones, prácticamente los mismo votos que la suma de PSOE y Unidas Podemos que recogen 11,199 millones, pero el resultado hace inalcanzable el gobierno.

La dilución del PP desde las elecciones de 2011 entra en una segunda fase. Si en 2016 perdió 32 diputados que alcanzó Cs, en estas elecciones se han quedado al margen del PP 81 diputados, suma de los obtenidos por Cs y Vox que se incrementarían con la concentración de voto.

Todo este proceso empezó en el juicio por el caso Gurtel que hizo visible los evidentes errores a la hora de abordar una situación política insostenible, contaminada por la corrupción que sirvió al PSOE para articular una mayoría en la moción de censura. Una moción de censura evitable, convocando elecciones, aplicando principios regeneracionistas desde dentro y teniendo generosidad en ese momento parece hacerse a un lado.

El modelo de sucesión descontrolado y con el gobierno perdido era un fallido, como han ratificado las elecciones.

Hoy la puesta en escena del PP era la de un funeral. Rivera ya ve la rueda del PP y va a por ella. Y Vox con 2,673 millones de votantes accede a las plataformas institucionales, no solo al Congreso, lo que le permitirá tomar fuerza, estabilizarse y seguir creciendo. Si a ello unimos la debacle en el Senado, en diez meses el PP ha descendido al fondo de la cueva.

A un mes de las elecciones autonómicas y municipales, con un PSOE exultante y un PP sangrando por la herida, el panorama es especialmente complicado para un partido que va a ser nuevamente amenazado por Cs y Vox, que salen fortalecidos en estas elecciones.

Con este panorama el centro derecha tiene que redefinir su estrategia interna y externa si quiere volver a gobernar en un plazo no excesivamente largo. El activo son mas de 11 millones de votantes.

Sería inteligente optimizar esta fuerza democrática para impulsar las políticas de reforma y modernización que el país necesita, más allá de los repiques de campana

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