Voto emotivo o voto racional

La serie histórica de resultados electorales del Congreso refleja que entre 25 y 35 diputados se han obtenido por los partidos nacionalistas y los demás minoritarios que conforman el grupo mixto. En consecuencia, un máximo de 310/315 diputados se distribuirán entre PSOE, PP, Cs, Podemos y Vox, teniendo en cuenta que el modelo de cinco partidos favorece a los minoritarios concentrados en sus circunscripciones.

Partiendo de las encuestas, habrá repartir el numerador 310/315 escaños entre el club de los cinco que han sustituido al bipartidismo imperfecto PP-PSOE y que estuvo corregido en las primeras elecciones por los resultados del PCE y sus sucesivas versiones.

La incógnita de estas elecciones está en la decisión final de numerosos electores indecisos a una campaña atípica, consecuencia de una legislatura fraccionada por la moción de censura que permitió formar un Gobierno al PSOE con 84 diputados.

El componente novedoso adicional es la irrupción de Vox como un quinto jinete en el hipódromo electoral cuya presencia en estas elecciones es mas transversal socialmente de lo que afirman algunos analistas.

Vox, con su nacionalismo español favorecido por los secesionistas y aderezado con propuestas en forma de scoop electorales estilo Trump – el muro, las armas, el proteccionismo de las tradiciones- ha recogido votos de la derecha y de indignados con la política y los políticos que en su día apoyaron el movimiento 15M.

La estrategia electoral de Vox, como una fuerza política antisistema, es la misma que en su día aplicaron Cs y Podemos contra el bipartidismo, presentando su incorporación al circuito político como una enmienda a la totalidad a los viejos partidos.

De ahí que Abascal no manifestó demasiada preocupación por su ausencia en los debates televisivos y se limitó a tuitear la imagen de los líderes en TVE con una foto de cuatro coloridos papagayos y la frase “encuentra las diferencias”.

Si además Pablo Iglesias ha vuelto de su paternidad con el mismo espíritu que un seminarista, leyendo con devoción la Constitución y reclamando mesura, Vox se ha quedado con el voto de la derecha del PP y de los indignados antisistema.

Pablo Iglesias y Albert Rivera forman ya parte del sistema y han apostado en estas elecciones por incorporarse al gobierno que se forme. Un gobierno que solo tiene dos versiones posibles en su cabecera: o PP o PSOE.

El segundo debate en Atresmedia no resolvió en términos de voto nada que hubiera quedado sin decidir en el primer debate de TVE. La campaña ha sido efectista y pobre en propuestas realistas y reformistas sobre los retos que hoy tiene la sociedad. Los tres grandes asuntos, el modelo territorial, es decir la respuesta constitucional al secesionismo, la economía-fiscalidad, pensiones mercado laboral y crecimiento- y Europa, especialmente olvidada y el nuevo mundo globalizado, solo se han abordado en modo 140 caracteres. Por el contrario Franco, el aborto y el consentimiento sexual, dixit Ábalos, se han convertido absurdamente en puntas de lanzas que pretendían marcar los territorios de cada partido.

Ante esta campaña tan atípica y deslucida, el dilema es si el electorado se va a situar en un voto emotivo o en un voto de intereses. Mi pronóstico, repasando la tendencia conservadora del electorado a los vuelcos radicales – los cambios siempre se han manifestado progresivamente sin grandes vuelcos – es que los votantes van buscar una vez más un equilibrio de fuerzas contrapuestas, en un modelo binario de coaliciones sin ninguna mayoría notoria.

La impresión de los últimos días de una campaña reiterativa y aburrida revela que el drenaje de votos del PP hacia Cs y Vox se ha detenido. Entre otras razones porque la captación de candidatos a última hora no tiene un apoyo relevante del electorado que percibe en las últimas opas hostiles que la política se ha convertido en un zoco de compra venta de escaños.

En este escenario el PP puede tener un suelo de 85 a 90 diputados que le hará no perder la hegemonía en el espacio del centro derecha, lo que es muy importante para Pablo Casado y su equipo.

El PSOE, favorecido por la renta de posición que otorga La Moncloa y el BOE, puede llegar a un suelo de 110 a 115 diputados. Con esta previsión quedarían de 100 a 110 escaños a distribuir entre las otras tres formaciones, Cs, Podemos y Vox. Y aquí las encuestas sí tienen muchas dificultades y variables para fijar el reparto final más probable.

Con este modelo nos levantarnos el 29 de abril con un empate técnico entre los dos bloques de coaliciones, derecha e izquierda, resultando que no habremos conseguido que España tenga un gobierno estable. Y la pelota se quedará en la gatera de independentistas y partidos minoritarios.

La única respuesta posible a este fraccionamiento que es sinónimo de inestabilidad, es la recomposición del bloque constitucional que el PSOE de Pedro Sánchez ha abandonado irresponsablemente.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *