No se dejen engañar

Tenemos un Gobierno de España dedicado por completo al marketing político. No tiene la menor intención de gobernar, consciente de que su minoría en el Congreso y la contaminación que le traslade el voto de independentistas y Bildu le bloquea naturalmente los proyectos legislativos.

Sánchez tenía la opción de haber intentado reconstruir la mayoría a tres bandas, PSOE, Podemos y Ciudadanos que trasteó tras las elecciones generales de 2015. Pero el puente con Rivera que había olido sangre en la moción de censura contra Rajoy estaba roto, porque el momentum les había situado en las antípodas.

Ambos, Rivera y Sánchez, son competidores directos no solo en un porcentaje sensible del espacio electoral que comparten, sino también en lo estrictamente personal. Así lo quiere plantear Rivera que es el retador.

Este análisis de la situación es tan obvio que es perfectamente conocido en La Moncloa. Siempre han sido conscientes que no se aprobarían los Presupuestos de 2019.

Porque si fuéramos alemanes habría habido una gran coalición, PP y PSOE, con dos objetivos en esta atípica legislatura: consolidar la recuperación económica con una nueva agenda limitada de reformas estructurales y dar una respuesta al independentismo catalán con toda la fortaleza de un Gobierno con un respaldo mayoritario.

Sánchez y su equipo de Moncloa han jugado desde el minuto 1 a proyectar su imagen como candidato con la vista puesta en las elecciones generales y a desgastar a la oposición en sus propias contradicciones. De aquí que el Gobierno bonito de Sánchez sea una realidad que solo se percibe por los seguidores de los fenómenos paranormales.

La condolencia del Presidente Sánchez por el resultado socialista en Andalucía tiene la misma veracidad que la de las plañideras a sueldo en los entierros. De una tacada, ha conseguido anular el incordio para él de Susana Díaz; precipitar la crisis de Podemos que se ha convertido en un partido inútil para articular una mayoría desde la izquierda; y resituar a Ciudadanos en la derecha que ha protagonizado un sainete ridículo en su relación con VOX, en un espectáculo de magia con el título, ahora te veo, ahora no te veo.

En la relación con los independentistas, Sánchez les ha dado cuerda. Todo lo que ha podido. La estrategia ha sido dialogo hasta la eternidad.

¿Quieres Torra que me siente contigo? Pues te voy a ver con mi Gobierno a Barcelona ¿Quieres gestos con los presos? Te los mando a Lledoners que tiene un clima más suave que el de la estepa madrileña. Que quieres un juicio suave. Pues devalúo la acusación con la Abogacía del Estado y le saco el engaño al nuevo PP en forma de pacto para la renovación del Poder Judicial que al final falló por lo burdo que era.

En definitiva, el mensaje de Sánchez con la filtración de elecciones el 14 de abril a la cadena EFE, es decir a su director, cargo de confianza del Gobierno, es una manipulación más de la factoría Moncloa, interpretada en sus papeles secundarios por Ábalos y Celaa.

De acuerdo con el manual de manipulaciones para resistir, la versión original que no se publica es la siguiente. Hoy no era nada casual. Tras la manifestación de Madrid que los voceros del Gobierno han devaluado inmediatamente, Sánchez fija las elecciones en un día tan significativo históricamente como el 14 de abril, con el objetivo de recomponer el Frente popular que le aupó a la Presidencia del Gobierno que hoy está diluido.

Al mismo tiempo advierte a lo secesionistas que como le dejen solo van a soportar lo que ha definido el tuit del PSOE en lenguaje guerracivilista como fascismo, por lo que tendrán un 155 duro y ningún indulto sus políticos por las sentencias que dicte el Supremo.

Pedro Sánchez no habrá leído El Concepto de lo Político de Carl Schmitt, pero sigue su filosofía: “Si, en consecuencia, desapareciese hasta la eventualidad de la distinción entre amigo y enemigo, en tal caso habría un acepción del mundo, una cultura, una civilización, una economía , una moral , un derecho , un arte, un ocio, etc, químicamente libres de la política, pero no habría ya ni política ni Estado.”

Por ello, remover los restos de Franco es el último episodio de la factoría Moncloa: Pedro Sánchez contra el fascismo.

No se dejen engañar. Las elecciones no serán antes de octubre y puede que en marzo, según se den los resultados del último domingo de mayo.

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