Cataluña: la ruta de la descolonización

El discurso que durante los primeros años fue no mas que una retórica nacionalista, hoy instalado en la estrategia secesionista, es una réplica de los métodos aplicados en los procesos de descolonización. En 1960 la Asamblea de Naciones Unidas aprobó la Declaración de Independencia a los Países y Pueblos Coloniales que reconoció el derecho de autodeterminación. De los 750 millones de personas que en 1945 vivían bajo el dominio de las potencias coloniales, hoy solo 2 millones de personas viven en 17 territorios no autónomos.

La mentira histórica independentista ha sido elaborada desde la manipulación de la historia y tiene su origen en los decretos de Nueva Planta que el 16 de enero 1716 impuso, tras la Guerra de Sucesión, la legislación y las instituciones de Castilla a Cataluña. En los últimos años se ha aderezado con las teorías del volksgeist ,el espíritu del pueblo que enlaza en una sucesión de falsedades, hechos, identidad racial y sentimientos al pueblo con el determinismo mágico de un República catalana libre.

Toda esta amalgama que tan bien combina con el victimismo que sirve a los dictadores para arengar a las masas, está en los fundamentos filosóficos que encarnaron a los doctrinarios nacionalistas mas cruentos de la Historia, que han provocado sufrimiento y muerte a millones de personas en Europa.

Lo increíble o inexplicable del proceso secesionista catalán es el progresivo desmantelamiento del argumentario del Estado, como razón de la legalidad democrática, garante de la libertad y del imperio de la ley.

¿Qué ha sucedido en estos 40 años en los que se ha conseguido un marco de convivencia en el que se ha desarrollado el mayor progreso social y económico de la historia moderna de España? Con una transición que ha logrado la más intensa descentralización territorial, cuasi federal, del poder político de Madrid que, según decían algunos, oprimía la libre expresión de los pueblos de España.

Lenguas co-oficiales –en algunas Comunidades artificialmente empleadas por los prescriptores de la identidad-, recuperación de antiguas instituciones jurídicas en materia de familia y sucesiones más propias de arcaicas organizaciones de economía agraria que de un mundo moderno y globalizado y simbología de Estado dirigida a la emulación de los Estados nación.

Se ha construido una organización territorial de Comunidades cuyos Parlamentos reúnen más representantes electos que los senados territoriales de tradicionales Estados Federales con una población notoriamente mayor.

Hay que recordar que el título VIII se alumbró en los debates constitucionales a fin de resolver la cuestión territorial de las nacionalidades históricas, mediante la recuperación política de los Estatutos de Autonomía aprobados durante la República, mas tarde generalizados mediante el principio de café para todos.

La II República desintegrada en un fracaso colectivo que desembocó en una Guerra civil, hoy se mitifica por los independentistas para resucitar la memoria histórica de unos hechos que la generación de la transición de 1976 fue capaz de superar desde la concordia y el reconocimiento a todas las víctimas.

El progresivo desmantelamiento y dimisión del Estado en las Comunidades Autónomas nacionalistas lo reflejaba en una reciente entrevista en el diario ABC el secretario de Estado Bermúdez de Castro, relatando que el mal llamado desembarco en Cataluña con la aprobación del 155 se realizó por cuatro altos funcionarios.

La aplicación del 155 fue un acto fallido, precipitadamente cerrado con la convocatoria electoral. Lo sucedido desde entonces acredita que solo ha servido para que los secesionistas dieran varios pasos mas en el desafío al poder democrático del Estado. El memorándum del pacto de las 21 medidas que el Presidente Sánchez recibió y atendió, las conversaciones bilaterales de Gobierno a Gobierno, han tenido continuidad con la propuesta de un relator que se desdoblaría entre la mesa de los partidos catalanes y la bilateral de los Gobiernos.

Un escalón dirigido a preparar la mediación internacional y el armisticio con un final ya escrito: el calendario de la desconexión y de constitución de la República catalana que consumen la apropiación de una parte de España por los independentista.

De una reclamación de financiación y competencias se pasó el reconocimiento de la bilateralidad entre España y Cataluña por Zapatero. Se animó por los prescriptores de la izquierda que censuraban como un acto de agresión que el PP hubiera recurrido al Tribunal constitucional un Estatuto que desbordó la Constitución. Y se culmina con Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno aupado por los independentistas que paga su permanencia en el poder por la rendición de España y de la Constitución de 1978 a los secesionistas.

Afortunadamente el socialismo constitucional que sobrevive, representado por Felipe González y Alfonso Guerra y otros muchos dirigentes, están dispuestos a que la historia de España en el siglo XXI continué en el marco de una Monarquía constitucional basada en la democracia, en la libertad y en la igualdad de todos los españoles.

Y hay que repetirlo alto y claro: el independentismo no va triunfar porque nadie puede apropiarse de lo que a todos nos pertenece y hemos construido desde la democracia y la libertad.

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