El trío: cómo conseguir que funcione (I)

No, no piense que voy a hacer la competencia al blog de Eva Roy. Es solo política, el dilema de la teoría del juego y el pasatiempo de las coincidencias.

PP, Ciudadanos y Vox han sido colocados por los andaluces en una liga propia que se va a jugar en la primera temporada hasta el día en que se celebren las elecciones generales, en 2020, como ya pronostiqué en septiembre.

El primer test ha comenzado el día 2 de diciembre  en Andalucía que probará la capacidad de los tres partidos de comportarse con madurez y con capacidad para leer la recolocación del mapa política en España. Quien sepa entenderlo, interpretar el momento y no cometer errores ganará. Y quien carezca de “finezza”, la sutileza que se convirtió en la seña de identidad de algunos políticos memorables en Italia, el país de las coaliciones, acabará desplazado por el alud electoral.

Lo peor que le puede pasar al cambio en Andalucía no es que no lleguen a formar Gobierno que sería un desastre, sino que alcanzando un acuerdo dure lo que dura un caramelo a la puerta  de un colegio, porque si así sucede quedará patente la imposibilidad de formar un gobierno alternativo a la izquierda en España durante algún tiempo. Porque la desmembración del voto del  Partido Popular es una realidad en este ciclo político.

Indudablemente a Ciudadanos le sobra tacticismo. Tanto como a su líder Albert Rivera le sobra ego centrismo que es más una condición personal que una posición relativa en política. Estratégicamente persiguen un voto moderado que diluyen para el paraguas de un liberalismo ideológico que sin embargo en la práctica está ubicado realmente en una socialdemocracia con marca española.

Si hubiera que jugar a las coincidencias con el tiempo de la transición, Rivera y Ciudadanos estarían más próximos al PSOE moderado de Felipe González que expulso a Marx de Ferraz y acuño  un gran tuit -“OTAN de entrad sí”- que a los gobiernos de UCD.

En su trayectoria política, sin duda estimable, Ciudadanos ha sabido aprovechar los grandes errores de PSOE y PP. La dimisión del Estado en Cataluña con el copy rigth de Zapatero y la inanidad existencial del PP en la defensa de los catalanes que se sienten también españoles y que eran agredidos diariamente por el argumentario secesionista y supremacista. Y en el segundo sumando, la corrupción sin respuesta creíble dirigida al electorado que había hecho metástasis en ambas formaciones.

Ciudadanos quiere pescar peces sin mojarse, manteniéndose en una virginidad política estructural que, de momento, no ha pasado ningún contraste con el gobierno efectivo de un Ayuntamiento relevante o de una Comunidad. Se ha movido hasta el momento en el ideario del reparto de equilibrios con fines estabilidad. Por el momento solo ha cumplido  la función de estabilizador del sistema que es  estimable, pero que  no colma la ambición de su líder.

Y cuando quiso apostar con más fuerza y desencadenó la moción de censura a Rajoy, la jugada le salió tan mal que aupó a Pedro Sánchez, un competidor directo de su generación  al que cambió por un Mariano Rajoy que estaba de salida,  en su ciclo final político.

La reacción de VOX al desprecio de Ciudadanos ha sido poco inteligente. Sin duda inaceptable en la más elemental lógica política que Ciudadanos pretenda que VOX acepte ser un convidado de piedra en un pacto de investidura que tiene que ser el preludio de un éxito de un gobierno que cambie Andalucía y revierta cuarenta años de victimismo histórico, tópicos y clientelismo en un territorio bendecido por su naturaleza y el estoicismo de su gente.

El problema de los asesinatos de mujeres y los delitos contra la libertad sexual son cuestiones primero de política criminal que debe contemplar también con rigor las medidas educativas, preventivas y de reparación a las víctimas, como es exigible en todos los delitos que generan alarma social.

Las políticas de no discriminación por razón de sexo o políticas de género, están asentadas en el artículo 14 de la Constitución  bajo los principios de libertad e igualdad y constituyen derechos con la máxima protección constitucional exigibles en todos los ámbitos sociales. Y son intocables.

Que hay un intento deliberado y consciente de presentar en la opinión pública una secuencia ideológica, hombres-paternalismo-machismo-violadores-asesinatos-mujeres, es una realidad. Pero las simplificaciones hay que desmontarlas con datos y con rigor.

Algo que no hace el Ministro del Interior, Grande-Marlaska, que a pesar de tener experiencia como juez, declara que los accidentes de tráfico -con 1180 víctimas mortales en 2018, solo 17 menos que en 2017-  tienen como única causa los conductores, olvidando que el 74 por ciento de los accidentes se sitúan en las vías secundarias, por lo que algo tendrá que ver su estado y señalización.

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