La mini cumbre pactada

Las últimas declaraciones de los segundos niveles del Gobierno de España, la vicepresidenta Calvo y del vicepresidente de la Generalidad Aragonés García, permiten pronosticar que va a tener lugar una mini cumbre en la que después del Consejo de Ministros se ratificará el principio de bilateralidad, primera piedra del proceso de independencia que pusieron Zapatero y Mas.

Este acto político, al que los secesionistas le atribuyen el reconocimiento de que se mantiene un proceso de negociación asimilado a una descolonización es de gran interés para ambas partes, Sánchez y Torra.

El Gobierno de la Generalidad atemperará las acciones de los CDR -los comités de resistencia para la secesión- ya que la graduación de sus acciones debe dirigirse a reflejar un acto de fuerza sin aportar ninguna prueba de que Cataluña se le ha ido de las manos a Torra y compañía.

En este teatro cada uno juega un papel en la obra. ERC ha manifestado su posición a favor de la reunión de ambos Presidentes, sin duda preocupada por la situación de sus políticos encausados y a fin de no dar ninguna prueba de que el independentismo alienta la violencia. La estrategia de las defensas es evidente: lo que ha sucedido es política por cauces democráticos y frente a un Estado que ha reprimido la voluntad de un pueblo. Los procesados que se sientan en el banquillo son las víctimas.

Torra aparece menos flexible, se reserva en la recamara y espera que todas la piezas se coloquen en su casilla ideal para salir a la escena. Sabe que Sánchez, el presidente accidental, no puede volver el día 20 a Madrid con un fracaso rotundo en su mochila porque se hayan producido disturbios graves en la calle y/o porque no se hayan reunido los dos Presidentes.

Cualquiera de las dos hipótesis daría argumentos a la oposición para reiterar la necesidad de aprobar la aplicación del artículo 155 y el fracaso de la estrategia de La Moncloa.

Sin embargo es lógico pronosticar que está todo más atado que lo que las declaraciones reflejan. Sería muy inocente pensar que después de la proposición de Albert Rivera en el Congreso solicitando que el Gobierno remita al Senado la aplicación del artículo 155, Sánchez y Torra le van a dar ese triunfo al líder de Ciudadanos y de paso a Casado. No olviden que la mini cumbre se va celebrar dos días después de que se haya abierto el juicio a los políticos presos para examinar las cuestiones previas de orden procesal. Todo lo que sea situar el secesionismo y los hitos protagonizados desde septiembre de 2017 en el campo de los hechos y actos políticos, no cabe duda que conduce a una calificación penal ligth que es el primer jalón del acuerdo entre Sánchez y Torra. Lo que sin duda facilitará un indulto en la próxima legislatura.

El lenguaje de los gestos y los mensajes son muy claros de una parte y de otra. Imaginemos la siguiente conversación.

Sánchez: “President, como habrás comprobado no me lo ponéis fácil. No me apoyáis los presupuestos y encima el patio de Ferraz se me revuelve como has visto en Andalucía. Aunque me viene bien y a ti también que nos quitemos a la andaluza que nos pone todos los días palos en las ruedas agitando el españolismo”.

Torra: “Presidente, solo me ofreces unas fotos y un paseo juntos por los jardines. Tengo a Puigdemont en Bruselas aburrido de comer mejillones y a mis consejeros en la cárcel. Queremos ver pactos concretos y hechos. Los Comités de Defensa de la República son jóvenes impulsivos que se impacientan y los Mossos sacan las porras porque quieren forzar mejoras salariales. Hay que pactar un calendario”.

Sánchez: “Quim. Los dos nos necesitamos y tenemos que administrar los tiempos. Pero me tienes que ayudar. ¿Te imaginas qué puedes negociar con la derecha de Rivera, Casado y Vox que aplicarían el 155 más radical? Tenemos que mantener un diálogo continuado y la calle controlada. Tu y yo necesitamos tiempo”.

Torra: “Bien Pedro. Sabes que tengo que apretar. Como a ti no me lo ponen fácil los míos, ni los de ERC, ni la CUP ni la Colau. Aquí yo mantengo la llama y el equilibrio de los protagonistas. Pero ante todo tengo una misión. Conducir al poble a la República catalana.”

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