Andalucía: el modelo político y la gran oportunidad

Las elecciones andaluzas reflejan la tendencia política imparable que se ha instalado en nuestro escenario político. La crisis del bipartidismo, cuando se cumplen 40 años de la Constitución, acentúa la sustitución del modelo binario de partidos por un modelo de multi-variantes, sin que se observe una imagen definitiva lo suficientemente sólida que pueda aportar, en términos de predicción, una nueva estabilidad al sistema de partidos.

Esta realidad altera sin embargo los precedentes vividos en estos cuarenta años, en los que el régimen de 1978 ha acreditado una sólida madurez cuando los partidos han entrado en crisis por sus resultados electorales.

La primera crisis en el modelo de partidos se produjo con el desmoronamiento de la UCD que fue sustituido en 1982 en el poder por un PSOE con una mayoría absoluta amplia que permitió la gobernabilidad en los años sucesivos. La UCD fue sustituida por AP primero en la oposición y el Partido Popular después, sin que ni los restos de la UCD y ni el CDS obtuvieran un respaldo electoral suficiente que favoreciese su permanencia en el sistema. Lo mismo sucedió con la salida de Rosa Díaz y el desparecido UPyD.

El electorado en España ha optado por una segmentación de su voto en el momento de acceder a las urnas. La centrifugación electoral en dos formaciones políticas que sintetizaban las respuestas de los ciudadanos, ya no responde a la realidad social.

La entrada de Vox y el crecimiento de Ciudadanos en un Comunidad como Andalucía que pretendía simplificarse con el discurso trabajadores frente a señoritos, demuestra que el espacio a la derecha del PSOE tiene más variables que las que se pronosticaban. Pablo Iglesias, acompañado de su extraña familia política, ha comenzado su intervención de análisis electoral con una frase tremendista: “alerta fascista”. Una mala parodia de “La Guerra de los Mundos”, que protagonizó Orson Welles cuando en octubre de 1938, en un programa de música de baile en la radio, alertó de una invasión marciana para promocionar el guión de su película.

Lo cierto es que los andaluces han votado en clave nacional y andaluza. El resultado es un voto de castigo a Pedro Sánchez por su política de complacencia con los secesionistas catalanes, lo que explica el voto a Vox que está compartido también por ex votantes socialistas. Y consecuencia del hartazgo ante la política de autocomplacencia de Susana Díaz, empeñada en representar el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, cuando los datos demuestran que el PSOE no ha sido capaz, ni desde Madrid ni desde Sevilla, de sacar del furgón de cola a esta Comunidad.

Los andaluces han consumido su paciencia de que no funcione nada, ni la Sanidad, ni la Educación ni los servicios públicos y que, sin embargo, los impuestos que pagan estén entre los más altos de España. El diferencial con las CCAA más ricas continua inamovible en estos 40 años de socialismo andaluz que ha ocupado todos los resortes del poder.

El PP tuvo una gran oportunidad cuando gobernaba en las ocho capitales andaluces y la lista de Javier Arenas consiguió 50 diputados en marzo de 2012. Hoy tendrá que acostumbrarse a negociar el apoyo de los próximos a los que han abandonado y maltratado muchas veces en los tiempos de vino y rosas.

El PSOE paga sus contradicciones y la ocupación de Andalucía, sin legitimidad para reivindicar el apoyo a la lista más votada con el falso señuelo de construir “un dique frente a la extrema derecha” y “formar un gobierno constitucionalista y europeo”, lo contrario de lo que ha hecho el Presidente Sánchez con la moción de censura. Cada día que pasa es un Presidente más accidental.

Y Ciudadanos sigue un perfil de crecimiento sostenido y se ha beneficiado en Andalucía de la activa participación en la campaña de Inés Arrimadas y Rivera, por este orden. Se equivocarían sin embargo si se le suben los 12 escaños ganados a la cabeza y pretende un voto a favor de su candidato Marín en la investidura con el apoyo de PSOE y PP.

Andalucía tiene una gran oportunidad histórica de modernización, regeneración y renovación del entramado que los socialistas han construido en estos 40 años.

Pedro Sánchez y la izquierda que miran al pasado, estaban empeñados en sacar a Franco del Valle de lo Caídos, como si fuera algo que le importase a los electores que primero han sacado a Susana Díaz y al socialismo andaluz del Palacio de San Telmo.

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