Torra acorrala a Sánchez

Con la contumacia pronosticada, Quim Torra el presidente de la Generalitat, longa manu de Puigdemont –de quien TVE  dice que “salió de España con otros Consejeros de su Gobierno”, cuando lo que hizo fue fugarse de la Justicia- provoca al Estado y mantiene avivado el reto de los secesionistas. Después de un conmemorado  1 de octubre, en  el que los manifestantes de los CDR ponen cerco al Parlament  y piden la salida de la policía nacional que “es la fuerza de ocupación”, el presidente Torra, siniestro personaje, le pone plazo de un mes al Gobierno de España para acordar la celebración de un referéndum de autodeterminación.

El  trueque diálogo por independencia patrocinado por el Gobierno de Sanchez en su cuaderno de supervivencia hace suya la tesis reiterada por la izquierda mediática. Cuantas veces Gabilondo ha amanecido culpabilizando a  Rajoy de “no hacer política en Cataluña” que por cierto sí la hizo, enviando de cónsul a Cataluña a Soraya Sáenz de Santamaría, con el cuestor Montoro en Madrid arreglando las finanzas quebradas de la Generalidad.

El secesionismo de los burgueses de CiU, reconvertidos en el PdeCat para camuflar la cleptocracia que instauraron durante su años de gobierno en la Generalidad, con Pujol primero y después con Artur Mas, rompió el pacto con Madrid sintetizado en el binomio 3 por ciento a cambio de gobernabilidad. Los convergentes con Artur Mas primero y Puigdemont y Torra después hace tiempo que han tomado el liderazgo secesionista, quedando diluidos los de ERC en la epístolas que Junqueras remite desde la cárcel de Estremera y los chicos de la CUP han visto como ocupan su sitio los CDR financiados desde la Plaza de San Jaime.

Los errores de los gobiernos de Madrid  no están en no haber hecho política que se ha hecho, mucha y equivocada – los socialistas canibalizándose por el PSC y el PP con su progresiva  irrelevancia electoral en  Cataluña- sino en el diagnóstico de que en Cataluña concurría un nacionalismo tranquilo, el de CiU, con el que siempre se pactaría pagando la moneda de cambio por su apoyo en Madrid y  unos radicales sin relevancia electoral a los que se consideraba anecdóticos.

El crecimiento electoral de ERC que lidera en un momento posterior la presión independentista,  determina que el Gobierno de Rajoy abra la negociación con Junqueras que protagoniza la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Se considera que la apertura de la vía de ERC es la coda buena que permite reconducir el proceso o al menos tranquilizarlo. Y para ello se pone en marcha el programa dinero del FLA por independencia.

El proyecto fracasa porque Puigdemont al que se ha minusvalorado desde Madrid, toma el liderazgo  y luego el control del PdeCat .Hoy es el Presidente en el exilio  de Waterloo, dirige el PdeCat, al presidente Torra y define la estrategia del independentismo bajo el principio de intensificar y no ceder en la presión.

Con un Gobierno débil en Madrid que cuestiona las actuaciones judiciales y desautoriza al Tribunal Supremo, se refuerza la imagen de la bilateralidad. El proceso catalán solo tiene una salida: el pacto del referéndum para fijar la fecha en que se ejercerá el derecho de autodeterminación.

Un 155 de la Constitución que se aplicó durante escasos meses, unas elecciones en Cataluña precipitadas, las escapadas y viajes de Puigdemont al modo de Tintín y los errores de información del CNI, han hecho que un año después del 1 de octubre y de la proclamación de la Republica de Cataluña desde las dependencias del Parlament, el independentismo se vea lo suficientemente fuerte como  para poner plazo al Gobierno de España.

El lunes la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, afirma que estamos en el asunto catalán “mejor que hace un año”. Dos días después, el independentismo hace un acto de fuerza en la calle y Torra le pone plazo al acuerdo de secesión.

Si además el constitucionalismo se ha roto por el desplazamiento del Gobierno rehén de Sanchez, parece evidente que estamos peor que hace un año, en un punto muerto en el que no se ve ni siquiera un estado de tranquilidad en la calle que favorezca la normalidad política para lo que no se puede esperar veinte años.

La comparecencia de Sanchez es ineludible ante el Congreso de los Diputados para que explique qué piensa hacer el Gobierno de España ante el nuevo desafío de Torra. Y si no tiene una  respuesta cierta y sólida que defienda el Estado de Derecho y la Constitución, PP y Ciudadanos tienen que pedir su dimisión o la convocatoria de elecciones legislativas inmediatas.

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