Las primarias del PP en el laboratorio (II)

4. El proceso de primarias en primera vuelta y voto definitivo de los compromisarios en el Congreso en segunda vuelta, se  traduce electoralmente en un sistema mayoritario de listas cerradas, lo que  no favorece la integración de las  candidaturas que se han presentado tras la votación del Congreso.

Con una excepción. Los candidatos que han sido descartado en las primarias en las que los afiliados inscritos no les han dado el pase a la segunda vuelta, ven realzada su posición ya que pueden “vender” sus apoyos y por tanto sus compromisarios a los candidatos finalistas que teóricamente entrarían en una puja  en los despachos para ganarse el apoyo de los que no han pasado el corte.

Y se llega al absurdo democrático de que los que menos votos han tenido en la primera vuelta obtengan mayor cuota de poder interno en el organización por mor de una negociación en los despachos.

Hay que recordar que el PP ha criticado este modelo electoral de pactos ocultos en, reclamando una reforma electoral que permita gobernar a la lista más votada en las elecciones municipales.

5. En conclusión, el sistema electoral estrenado por el PP para la elección del presidente y la dirección es incongruente y no responde a su propio modelo electoral, ya que se han mezclado dos universos electorales sin mas reflexión que la desconfianza en unas primarias abiertas a todos los afiliados inscritos.

El sistema para ser coherente exige que los votantes de las primarias, es decir los afiliados inscritos sean llamados nuevamente a las urnas en la segunda vuelta, si ningún candidato hubiese obtenido la mayoría absoluta.

Y también sería coherente el sistema si los estatutos hubiesen establecido que son los compromisarios electos por los afiliados quienes votan en primera y en segunda vuelta en el marco del Congreso. Si bien en este modelo realmente no habría primarias según se utiliza este concepto en el lenguaje de  la política.

6. Si realmente el objetivo es abrir los partidos a la sociedad y no cerrar la elección de su dirección a una nomenclatura sobre la que se ejerce un cierto poder de control, no hay otro sistema mas democrático y liberal que los afiliados inscritos decidan en una segunda vuelta quién es el candidato elegido para el cargo de presidente.

Y este sistema facilitaría que el acceso al  Comité ejecutivo se distribuya entre los equipos de los  candidatos finalistas conforme al sistema electoral  de la ley D,Hont que es el que rige en todas las elecciones.

7. El PP, si quiere conectar nuevamente con sus votantes, no puede abandonar en el espacio de la izquierda el concepto de democracia participativa y deliberativa, como la evolución y mejora  de la democracia representativa. Salvo que quiera perder  de antemano la batalla de la comunicación, como ha sucedido con demasiada frecuencia con decisiones políticas de gobierno, positivas y necesarias, que han sido presentadas sin emabrgo de una manera descarnada.

Esta cualificación de la democracia que le otorga más valor moral  a la decisión pol señas de identidad ancestrales que han sido olvidadas.olional frente a los secesionistasOE que vamo s a volver al camninoítica del gobernante se apoya en la filosofía  de Jhon Rawls y Jürgen Habermas y se difunde por el profesor de la universidad de  Princenton, Philip Pettit, bajo el concepto de  republicanismo moderno. Concepto que ya utilizó Zapatero para dotar de cierta solvencia intelectual a su errática gestión.

8. El Congreso del PP ha practicado un cierto seguidismo de lo que con anterioridad había puesto en práctica el PSOE con la elección de Pedro Sánchez.

La imagen de un cambio generacional  que  inmediatamente  traslada a los compromisarios en el PP y a los delegados en el PSOE que van a retornar al  camino del que la dirección se ha apartado, con el objetivo de recuperar las señas de identidad ancestrales que han sido olvidadas y que han causado la desafección de los votantes.

Pedro Sanchez visualiza esta estrategia con la frase “sacar a Franco del Valle de los Caídos”, subir impuestos a los bancos destinado a incrementar gasto social y el fin de austericidio,  adjetivo que simplifica la aprobación de un nuevo techo de déficit que es un concepto técnico complejo para el pueblo llano.

Pablo Casado por u parte utilizó en su discurso “la reforma del Código penal” como instrumento para defender la unidad constitucional frente a los secesionistas catalanes, la derogación de la ley del aborto y bajar y suprimir  impuestos.

En ningún momento, los elegidos han explicado como se llevan a efecto estas políticas con las mayorías actuales y las futuras previsibles, ya que no parece probable que se vuelva a la concentración del voto en los dos grandes partidos.

Y en medio de esta situación, los analistas entierran o dan por enterrado el practicismo político del “marianismo” como modo de actuación del gobernante empeñado en no apartarse del arte de lo posible y corregir despropósitos pasados sin sobreactuaciones.

¿Se echará de menos el practicismo cuando llegue el otoño y pasen las alegrías del verano?

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