Las primarias del PP en el laboratorio (I)

Las primarias celebradas en el Partido Popular alejándose de los tópicos, de las respuestas de manual y observadas al microscopio, llevan a las siguientes conclusiones.

1. El sistema electoral a doble vuelta, con dos censos distintos aunque concurrentes en cierta medida es manifiestamente mejorable. La cuestión que hay que resolver es a quien se quiere empoderar para tomar la decisión de la elección del Presidente del partido.

Hay tres hipótesis posibles. Un sistema de elección abierto en el que votan los afiliados y los simpatizantes que se inscriban en el censo. Este modelo intenta acercar el voto en la selección del líder al voto electoral pasado y futuro. También tiene la ventaja de que incluye en la decisión no solo a los afiliados, sino a aquellos ciudadanos que manifiestan su proximidad al partido pero que, por las razones personales de cada uno, no desean ser  o constar como afiliados.

En el lado positivo y/o negativo, según donde esté cada uno, descontrola la votación de los manejos del aparato establecido, pero incorpora mayor representatividad y apertura  real a la sociedad.

La segunda opción es que voten los afiliados inscritos en el censo y que actualicen su vinculación pagando una cuota. Es evidente que en este modelo se cierra el universo electoral ya que se deben cumplir tres condiciones para votar: ser afiliado, inscribirse y abonar la cuota de votación.

Si comparamos el número de votos obtenido por el PP en las últimas elecciones generales de 2016 que son 7.906.185 votos con los depositados en la primera vuelta de las primarias del orden de 57.000, resultan que ha votado un porcentaje  del 0,75 por ciento  del último voto electoral.

Y si lo comparamos con los afiliados registrados en  el PP, pongamos que 800.000, el porcentaje representa 7 por ciento de la teórica afiliación.

El tercer modelo que otorga la decisión a los compromisarios que  son quienes han tenido el poder de decisión efectivo en este Congreso del PP, determina que sean los cargos electos y los cuadros secundarios de las organizaciones territoriales los que deciden.

Tres mil ochenta y dos electores, es decir, un 5,5 por ciento de los afiliados inscritos como censo en la primera vuelta son los que han decidido quien será el Presidente del PP en los próximos 4 años. De estos 3.082 electores, 470 son natos y no están sujetos a un proceso previo de elección.

2. Es evidente que el sistema de primarias es manifiestamente mejorable, ya que en definitiva se ha suavizado la elección directa por los compromisarios en el Congreso con una primera vuelta que se ha gestionado en las estructuras territoriales del partido.

Unas estructuras muy anquilosadas, ya que no consiguen o no les interesa movilizar el voto del censo teórico de afiliados del PP. En este sentido no ha existido una previa campaña destinada animar el voto y solo basta comparar el número de inscritos por distritos en Madrid, del orden de 400  en los mejores casos, con los votos que se obtienen en elecciones municipales y autonómicas para observar la tremenda separación entre las dos curvas que representan.

3. Por ello, naturalmente el voto emitido en el Congreso es un voto conservador, de las posiciones políticas en términos individuales, pegado a las estructuras territoriales y sin contemplación del universo electoral real.

En el Congreso en que se enfrentaron Antonio Hernández Mancha y Miguel Herrero que llevaba a José María Aznar como secretario general, el voto se decantó por Hernández Mancha como una respuesta de los periféricos, de las provincias frente a Madrid. Entonces Alianza Popular venía de obtener un resultado electoral muy malo en las elecciones generales de 1986, 105 diputados y el PSOE había revalidado la mayoría absoluta de 1982 con 184 escaños. Fraga había dimitido y se enfrentaron dos modelos de dirigir el partido.

Fue el reto de los políticos provincianos frente a los de Madrid cuya dirección colocaba sin contemplaciones a los llamados paracaidistas en la cabecera de las listas electorales, mientras las organizaciones provinciales mantenían vivo el partido y pegaban los carteles.

El resultado no fue un éxito y el poder fáctico de los Grupos parlamentarios del Congreso y del Senado, que tenían medios económicos y acceso a los medios, revertió la situación.

Y los diputados y senadores recuperaron el  poder antes de que se elaborasen las nuevas listas electorales.

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