Gobernar para la mayoría

En el debate entre los candidatos del Partido Popular, Soraya Sáez de Santamaría y Pablo Casado, se  están dando dos respuestas a la preguntaqué es lo que más ha perjudicado al Partido Popular y la causa de la pérdida de tres millones de votos en las últimas elecciones.

Desde la candidatura de Pablo Casado se identifica una pérdida de valores tradicionales de la derecha y se critican  las conversaciones que la vicepresidenta Sáez de Santamaría tuvo con Oriol Junqueras en el asunto de Cataluña. Conversaciones que en todo caso fueron previas a septiembre de 2017 que es cuando se desencadena intensamente el reto secesionista.

En definitiva, la posición de Pablo Casado está en línea con FAES y con Esperanza Aguirre, que han atribuido al Gobierno de Rajoy una cierta debilidad en el ejercicio del poder en su segunda legislatura. Previamente sería necesario definir que es debilidad en el ejercicio del poder cuando no se tiene mayoría absoluta.

Lo que se ofrece, desde el punto vista estratégico e ideológico, es un giro a la derecha del PP, que se recubre de un supuesto retorno a principio liberales, y alguna referencia a cierta permisividad con la regulación del aborto aprobada por el gobierno de Zapatero.

Los resultados electorales y las encuestas sin embargo no confirman esta respuesta. No hay una constatación empírica de que los votos que obtuvo el PP en 2011 se hayan ido a la única fuerza política que se sitúa más a la derecha que es Vox. Ni parece probable, dado el porcentaje de voto que refleja el CIS con un suelo de los populares del 24  por ciento, que tenga lugar un deslizamiento de sus electores a posiciones más conservadoras.

Soraya Sáez de Santamaría ha identificado la causa de la pérdida de votos a los casos de corrupción, que temporalmente corresponden a hechos que tuvieron lugar en momentos anteriores a que Mariano Rajoy accediera a la presidencia del PP. No hay más que releer las hemerotecas y recuperar las fotografías para comprobar quiénes tuvieron amistades peligrosas y qué nombramientos fueron un tremendo error. José Manuel Romay Becaria, con una trayectoria impecable y alejado ya de cualquier ambición, en un artículo en la Tercera de ABC así lo ha relatado.

La proliferación de los casos de corrupción en la Comunidad de Madrid, con Esperanza Aguirre al frente del gobierno y del partido ha provocado, por la significación especial de Madrid y la crudeza de los hechos, un tremendo efecto de desmovilización del electorado del PP.

Lo cierto es que la migración de votos populares se ha dirigido hacia al centro político en el que se ha colocado Ciudadanos, desde una perspectiva más formal, estratégica y mediática que ideológica. Es evidente que en Cataluña la posición de Rivera ha recogido los años en los que, en solitario, ha denunciado la imposición en todos los ámbitos del nacionalismo catalán y el arrinconamiento de quienes mantenían la lealtad constitucional a España. Una estrategia  favorecida por el escaso respaldo que han obtenido allí los candidatos populares designados por Génova que no han conectado con la sociedad no nacionalista de Cataluña.

Al filo del cierre de la campaña de los candidatos Soraya Sáez Santamaría ha declarado que las elecciones se ganan desde el centro y no desde las esquinas.

Ralph Dahrendorf, el reputado sociólogo y representante de la cultura liberal contemporánea, en el libro “La democracia en Europa” distingue entre el partido de las provisiones (provisions party) formado por quienes creen que el mercado resuelve todos los problemas y el tiempo que considera que ha llegado de la reafirmación de los derechos de la ciudadanía (a través de los entitlements).

Hoy no cabe duda que los ciudadanos piden al Estado no solo seguridad y libertad. También reclaman un equilibrio entre los derechos sociales y los individuales, un concepto que se ha traducido en el mundo del Derecho como confianza legítima en el Estado, en su funcionamiento y como estructura básica de la convivencia social.

Para lograr este equilibro hay que situarse en posiciones de centro de manera que el poder político en sus acciones gobierne para la mayoría.

Y esta es la decisión que debe tomar el PP en su Congreso. Ser un partido de gobierno para la mayoría.

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