Siete días para elegir

En siete días los compromisarios del Partido Popular tendrán que elegir quien será el Presidente del partido en los próximos cuatro años. Y más importante, quien será la  candidata o candidato a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales que se celebraran como fecha máxima en el otoño de 2020. Pongamos en octubre.

El PP va a repetir por segunda vez en su historia un Congreso con dos candidatos. Pero con la particularidad de que previamente se ha abierto un proceso de primarias que ha ampliado el censo de electores a los afiliados más activos.

Una primera experiencia que será necesario mejorar con la finalidad de estimular el voto no solo de los afiliados sino también de los simpatizantes, lo que acerca la participación y la decisión a los electores.

Los compromisarios en el momento de elegir tendrán que valorar no solamente quien es la persona más idónea para ser presidente del partido, sino conjuntamente quien sintoniza en mayor medida con los votantes actuales y potenciales del PP.

En esta doble perspectiva, es evidente que  Soraya Sáez Santamaría es la candidata que reúne mejores condiciones y más valores para conseguir atraer votos al PP desde el universo electoral. No hay otra reflexión posible, porque el PP se ha convertido en un partido de gobierno, ocupa el espacio del centro derecha, recoge generaciones diversas, aúna territorios y su síntesis ideológica no va a cambiar más allá de matizaciones según el momento y la estrategia política.

Quien pretenda fundamentar una decisión en un relevo generacional que sitúa  una barrera ficticia entre unos y otros cargos, afiliados y votantes incurre en la simplificación y el despropósito. Y quien pretenda basar el voto en quien es más liberal o más decidido a bajar los impuestos, desconoce el marco europeo, la cesión de soberanía del Estado a la UE, la vinculación de la política económica a la globalización y las variables en la financiación internacional.

Soraya Sáez de Santamaría ha sido valiente en su trayectoria política y ha dado un paso adelante que comporta un gran esfuerzo y riesgo personal. Lo confortable hubiera sido refugiarse en el Consejo de Estado como hizo su antecesora socialista María Teresa de la Vega.

Tiene experiencia, conocimiento, capacidad, y actitud de servicio al Estado. Y ha demostrado una indudable lealtad  al proyecto de gobierno de España que ha dirigido Mariano Rajoy, defendiendo los intereses generales y aplicando los principios políticos que defiende y ha defendido el PP.

La política es un oficio que se aprende, pero  a la hora de llegar a gobernar hay que llegar con las asignaturas estudiadas y aprobadas. Si alguno llega al gobierno con planteamientos maximalistas y/o exclusivistas que olviden la diversidad social, territorial e ideológica que existe en España, está condenado a equivocarse.

Antonio Garrigues un gran liberal de saga liberal, repite una frase que deberían gravarse los políticos proclives al exceso, en esta España nuestra tan carpetovetónica.”La democracia es convivir en discrepancia”. Y desde la discrepancia hay que construir, integrar y no abrir fronteras virtuales como suele hacer la izquierda política que no olvida el pasado y reabre frivolamente las trincheras.

Esta es la mejor lección que se puede dar desde los liberales reales.

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