Modelos de partido y primarias

No hay en las democracias un modelo único en la elección de los cargos dirigentes de los partidos políticos. En la teoría que estudia su estructura, tradicionalmente se han contrapuesto el modelo norteamericano de partidos configurados como maquinarias electorales a los partidos de militantes, más apreciados por los que están situados en ideologías de izquierda.

El precedente más extremo es el de las dictaduras comunistas en las que el partido y el gobierno interactúan en una simbiosis constante, tan intensa que el politburó, la nomenclatura o la banda de los cuatro en China tras la muerte de Mao transforman el poder político en una monarquía electiva que corresponde exclusivamente al grupo que lo detenta.

Las primarias han surgido para resolver dos cuestiones cuya observación preocupaba a la opinión publicada de las democracias. La concentración de poder en el aparato del partido en la designación de las listas electorales. Y el  distanciamiento de los afiliados que perciben estructuras esclerotizadas poco proclives a la renovación.

La reiterada frase de Alfonso Guerra, “el que se mueva no sale en la foto” era la medida preventiva a la desconfianza que en los primeros años de democracia existía hacia los partidos, incluso en el propio PSOE que presume de su larga existencia.

Lo cierto es que los auto denominados nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, levantaron la bandera de las primarias como un símbolo  de pureza democrática frente a PP y PSOE. Una proclama más formal que sustancial ya que sus líderes han controlado la organización con guante de hierro. Y quien dude que se lo pregunte a Iñigo Errejón, en otra hora el alter ego de Pablo Iglesias.

La competencia entre líderes de los partidos y aspirantes y los retos más o menos explícitos o subterráneos han existido siempre. Recuerden a Mariano Rajoy cuando en algunas turbulencias en el PP recordó la expresión que el Conde de Romanones aplicó a los académicos de la Lengua tras comprobar el político liberal y monárquico que después de visitarlos a todos, ninguno le había votado: “qué tropa, joder, qué tropa”.

El sistema norteamericano de grandes maquinarias electorales tiene en los caucus de los demócratas y en las primarias de los republicanos un sistema peculiar y eficiente a la hora de designar  a los líderes que se enfrentaran en la elección presidencial. Un test sobre el terreno que sirve  para medir los futuros votos electorales.

La crítica a la escasa y limitada repercusión que están teniendo las primarias a doble vuelta en el Partido Popular, la segunda vuelta con los votos de los compromisarios, no debe causar ninguna preocupación , como lo demuestran las encuestas que le siguen situando en la cabecera de la preferencia de los electores.

En el centro derecha en España hubo un tiempo en el que teníamos un gobierno sin partido que fue la UCD y más tarde tras su desaparición, tuvimos un partido sin gobierno durante años que fue Alianza Popular, hasta su refundación en el Partido Popular. Y consiguió convertirse en gobierno con partido.

A sus electores no les excita en exceso las primarias y lo que demandan es una organización sólida y con una amplia implantación en la que los dirigentes sean inteligentes y capaces de atraer a las listas electorales a personas relevantes de la sociedad. Por tanto está a medio camino entre el modelo americano- una eficaz maquinaria electoral- y el  modelo de partido de afiliados.

El éxito de este proceso del PP no se mide por el número de inscritos para votar, sino por la capacidad de convertir el Congreso de julio en una plataforma de relanzamiento de un candidato/a a la Presidencia del Gobierno que lidere la organización en los próximos dos años. Y la primera vuelta está a 10 meses con las elecciones al Parlamento Europeo, las municipales y las autonómicas.

Lo demás, lo de quien tiene  futuro y no tiene pasado y la edad de cada candidato/a no es en absoluto relevante.

Lo que se mide en estas primarias en el PP es quién ofrece más confianza para apoyándose en todas las transformaciones y reformas que en cada tiempo político han realizado con éxito los gobiernos del PP, presentar a los electores un renovado proyecto y liderazgo.

En definitiva qué mujer tiene más opciones de ganar las elecciones y de gobernar.

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