La moción de censura hace aguas

La ansiedad en la política conduce a cometer errores. La moción de censura presentada por Pedro Sánchez el pasado viernes, precipitadamente, sin un previo diálogo con los demás grupos parlamentarios, que tendrían que conformar una mayoría suficiente de 176 votos para investir un nuevo Presidente del Gobierno, es un ejemplo de ansiedad, inmadurez y error estratégico.

Si además reiteran desde el PSOE que no quieren negociar nada con los grupos del Congreso, con ello Pedro Sánchez ha provocado como primera respuesta una reacción en cadena de los demás partidos.

Así no se presenta una moción de censura con 89 diputados en nuestro sistema constitucional, en el que la  moción de censura es constructiva y dual. Cesa el Presidente del Gobierno y se inviste un nuevo Presidente. Tras la publicación de la sentencia y la excitación política que se produce en algunos medios, considerando que la cabeza política de Rajoy estaba ya colgada de una pica, Pedro Sánchez reitera una vez más su escaso sosiego cuando tiene que tomar decisiones relevantes para su futuro. Su renuncia al acta de diputado ya acreditó su limitada capacidad de reflexión.

Tras el anuncio del viernes y después que la Bolsa y la prima de riesgo recibieran una descarga de inestabilidad que se agravaba por la crisis italiana en la que se califica el euro “como una prisión alemana”, los medios de comunicación comienzan a matizar su inicial euforia, y giran en sus editoriales reconociendo la inviabilidad del modelo de moción de censura propuesto por Pedro Sánchez.

La conclusión es que la composición actual del Congreso y la sobreactuación de los líderes de la oposición, con el añadido de los disparates secesionistas en Cataluña, determina que la oposición, que coincide en que quiere echar a Rajoy obviamente, no se pone de acuerdo en cómo hacerlo. Y la iniciativa de Pedro Sánchez se ha convertido en un boomerang contra el propio autor.

No hay que ser muy perspicaz para identificar que Ciudadanos en curva ascendente y recogiendo votantes socialistas, no tiene el menor interés en llegar a unas elecciones con Pedro Sánchez de presidente del Gobierno, con una previa campaña desde La Moncloa destinada a proyectar su imagen, que está bastante diluida.

Tampoco era muy probable que Pablo Iglesias, enfrascado en ratificar la compra de su casa apelando a un plebiscito peronista acompañado de su particular Eva, se manifieste muy entusiasmado, a pesar de que le sirve para desviar el foco de atención. Las encuestas reflejan un estancamiento en sus proyecciones electorales y por tanto la agenda diseñada por Pedro Sánchez no les favorece.

Los secesionistas han puesto la guinda pidiendo la liberación de los presos y el reconocimiento expreso de la vía para llegar a la República catalana.

Los nacionalistas vascos se ha sumado moderadamente a la feria y lo que único que faltaba era Bildu. En definitiva el país real, el que pone en pie esta España cada lunes, ha tomado distancia y comprobado que Pedro Sánchez y los nuevos políticos no tienen ningún proyecto sólido en el actual escenario de resultados electorales.

En la estructura constitucional, la Justicia cumple su función, juzgar y hacer ejecutar lo juzgado, una vez que se dicta una sentencia firme. Pero no le corresponde decidir el calendario político, como a los políticos no les corresponde determinar el calendario judicial.

Que un Tribunal califique de escasa verosimilitud el testimonio del testigo Mariano Rajoy que fue solicitado por el  abogado del PSOE y cuya declaración era colateral en la causa, es un exceso no habitual en las sentencias. Como también es excepcional que un magistrado de la Audiencia, en comisión de servicio en La Haya, pretenda retornar con efecto inmediato a la vistilla que decidirá las medidas a los condenados con tanto interés, lo que revela cierta desconfianza en sus compañeros magistrados.

Al final mucho ruido momentáneo que pronostico que no va a cambiar fundamentalmente el calendario electoral. Y como en el fútbol, todos dándole cera a Mariano Rajoy, pero por debajo le cantan como a Ronaldo: Mariano quédate.

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