Marta la lía

Hay que proclamar que el 19 de febrero es el día de Marta. Los astros han provocado el 19 de febrero una confluencia de lluvia cósmica que ha revelado las dos Españas.

Una, que nos hiela el corazón. La España de Marta Rovira, la estricta gobernanta de ERC que acude a declarar ante el Tribunal Supremo y dice que pidió a Puigdemont “parar la votación del 1 de octubre”.

La mentira absolutoria de quien no cree ni en España, ni en lo que confiesa ante los magistrados. Como su compañera de escaño de la CUP, Anna Gabriel, refugiada en Ginebra y defendida por el abogado no ejerciente Iglesias, de nombre Pablo, que alega en su defensa para no comparecer  ante el Tribunal Supremo que “el señor Camps y el señor Urdangarin llevan un tren de vida de escándalo”.

La otra España, la de Marta Sánchez poniendo letra y corazón al himno nacional en el Teatro Real y convirtiéndose en viral en las redes, en un país que busca referencias y no quiere perder su identidad.

La dialéctica entre la ruptura y la reforma, en su forma más virulenta, jaleada por Podemos y los secesionistas, aliados en el desvarío de un modelo de sociedad que va de Venezuela a la Plaza de San Jaime.

Y los electores en las encuestas castigando al PP  y aupando a Rivera que ha tenido en Cataluña a Inés Arrimada, como Palafox  tuvo a  Agustina en el sitio de Zaragoza.

La derivada del secesionismo irredento, insolidario y retrógrado ha impulsado la normalidad de una cierta idea  de España sin complejos.

Como la que representan nuestros deportistas tantas y tantas veces. Los tenistas de la copa Davis, nacidos en distintos pueblos y criados en el CAR de San Cugat que se  agrupan alrededor de la bandera para celebra su victoria ante Gran Bretaña.

Como Nadal, mallorquín capaz de comunicarse con el lenguaje del tenis y con la palabra, para que todos podamos entender su  forma de encarar el deporte y la vida. Al que nadie, desde el pequeño Gobierno balear, puede pedir una prueba de amar a Baleares y a España. O como Javier Fernández, el flamante medallista olímpico en Pyongyang que se desliza con el bronce al cuello y con la bandera de España sobre sus hombros en el otro lado del mundo.

Puigdemont, Junqueras, Marta Rovira y Anna Gabriel han sido los mejores profetas del gran Presidente que fue Adolfo Suarez, empeñado sin tregua en hacer normal en la política lo que en la calle era normal.

La libre elección por los padres de la lengua de aprendizaje –no vehicular, horrible palabro- en la escuela para sus hijos que ha planteado el Ministro Méndez de Vigo, con casilla o sin ella, llega con mucho retraso, pero llega. La razón del Estado es garantizar la seguridad en el ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos y defenderles ante las opresiones y discriminaciones que pretendan coartar sus derechos y su libertad. Y la educación de los hijos en libertad, sin coacciones ni imposiciones, es un derecho básico

El sismógrafo del puzle político en España refleja movimientos telúricos y corrientes que suben desde las profundidades hacia la corteza de la realidad.

Rajoy y Rivera están llamados a entenderse en la primavera que se aproxima. Como también lo está Pedro Sánchez, si fuera capaz de liberar su soberbia política de la telaraña que ha tejido a su alrededor.

La política es para los valientes.

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