España, un país sin

A la moda de los productos y alimentos “sin”,  sin colorantes, sin conservantes, sin azúcar y sin sal, se ha incorporado la política en España. Tenemos un Estado sin presupuesto, una Comunidad, Cataluña, sin Gobierno, un Gobierno, el de España, sin ministro de Economía y un PSOE sin sentido de Estado.Para que no falte nada, tenemos  una política, la portavoz de Podemos, sin lenguaje.

La tradicional diferencia entre lo urgente y lo importante, debería servir para que saliéramos de lo “sin”   y nos situáramos en el mundo de lo “con”. La Ley de Presupuestos Generales del Estado, es como dice su nombre del Estado y con una correlación de fuerzas como las que hay en este momento en el Congreso de los Diputados, permitiría una incorporación de medidas y criterios por todos los Grupos. Al menos,  por todos aquellos a los que se presume una cierta racionalidad y equilibrio en su discurso.

Sería estimable que el PP, el PSOE, Ciudadanos y el PNV  llegaran a un acuerdo de mínimos comunes denominadores que permitiera sacar adelante la Ley. Lo que no impide que cada Grupo oficie el debate parlamentario explicando sus diferencias con el Gobierno de Rajoy como le parezco y tenga por conveniente.

El ejemplo de Alemania con Merkel pactando con los socialistas se ha convertido en un desiderátum en la política española. Pero un acuerdo para sacar adelante los Presupuestos de 2018 que muy pocos españoles, por no decir ninguno, lee en su integridad, sería un ejercicio de responsabilidad de todos frente a los electores.

En un momento en el que la recuperación económica mantiene un cierto rumbo sostenido,  es una negligencia política no llegar a acuerdos básicos.

Hay que recordar que la Ley de Presupuestos tiene un 80 por ciento de su  contenido predeterminado para cualquier Gobierno.

El capitulo 1, retribuciones de funcionarios y personal al servicio de las Administraciones, es una partida tan fija como la partida destinada a pensiones  o al servicio de deuda, sea amortizaciones o pago de intereses.

¿Hay alguna discrepancia  entre los partidos a la hora de iniciar una aproximación de las retribuciones salariales de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado a las policías autonómicas o municipales? ¿O en la subida de las pensiones o la dotación al subsidio de desempleo? ¿O en la activación de una cierta recuperación en la inversión pública de Fomento que tiene su presupuesto vinculado por gastos plurianuales?

El segundo frente en situación de urgencia, enfangado en el “sin”, es Cataluña. Sin Gobierno, sin razón, sin seny, Y además sin aprender la lección y sin rectificar.

Los primeros que no se merecen soportar lo que está sucediendo son los ciudadanos catalanes, con Puigdemont desde Bruselas, prófugo de la Justicia, desplegando una estrategia pro domo sua, disparatada y profundamente destructiva que oscila entre  lo bufo y lo ridículo.

Los catalanes se sienten cansados y hastiados del debate del mal llamado proceso que pasará a los libros de la historia política como el mayor ejemplo de inconsistencia, insensatez y paranoia que unos políticos han protagonizado en el siglo XXI.

Después de visto lo visto y oído lo que hemos oído, el Gobierno de Rajoy debió activar el artículo 155 bastante antes de cuando lo hizo. Nos hubiéramos evitado algunos espectáculos que han sido y siguen siendo insoportables para el más simple sentido común.

Y si Génova quiere analizar el control de daños de las últimas encuestas publicadas, debería valorar que su política autista en Cataluña, en la que parece seguir instalado,  es la principal causa del desapego electoral que se manifiesta en los demás territorios de España.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *