Disolvente Puigdemont

La capacidad disolvente de Puigdemont no tiene límites. Su política secesionista había conseguido una fractura en la sociedad catalana que hoy se aprecia incluso en la distribución del voto entre los territorios que conforman la Comunidad Autónoma de Cataluña.

Hay que recordar que el fraccionamiento territorial de Cataluña comenzó cuando los habitantes del Valle de Arán manifestaron su voluntad de permanecer en España.

También había ayudado a la ruptura de la coalición entre Convergentes y los demócratas cristianos de Unió, con la ayuda principal en este caso de Artur Mas.

Más tarde ha roto con el mismo expresidente de la Generalitat al que había sucedido, tras provocar la división en el partido en el que ambos militaban, Convergencia, huérfano de los históricos militantes que han pasado al ostracismo o han abandonado la primera línea política para atender sus responsabilidades judiciales.

Y ahora con una eficacia indiscutible está dispuesto a que el bloque secesionista acabe dividido. Desde su hégira a Bruselas, a comer mejillones, su relación con Oriol Junqueras se había distanciado tanto como la distancia que hay entre la cárcel de Estremera y la sede de las Instituciones de la UE.

Todo por su empeño en ser investido telemáticamente y convertirse en un Presidente de Cataluña a distancia, aunque los Jordis y Oriol estén en prisión preventiva. El egocentrismo que practica Puigdemont desde su comportamiento patético y extravagante muy provechoso para sí mismo, refleja una personalidad con exceso de autoestima, distorsión de la realidad e incapacidad para reconocer los sentimientos de los demás compañeros de viaje, con los que no se solidariza y que están pasando la temporada invernal en los alojamientos gestionados por Instituciones Penitenciarias en las tierras esteparias de Madrid que lindan con Toledo.

Hay que reconocer que muchos, entre los que me encuentro, pensábamos que de los dos, Puigdemont y Junqueras, el listo era el vicepresidente que coqueteaba políticamente con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, mientras el exalcalde de Gerona seguía el guión como un convidado de piedra.

Pero lo sucedido nos ha quitado la razón y resulta que el único que tenía un plan era Puigdemont, capaz de huir de la Justicia en España, tras provocar al Gobierno de Rajoy con el referéndum del 1 de octubre y con sus intervenciones en el Parlamento de Cataluña y la plaza de San Jaime. Y después de todo ganar las elecciones en el apartado secesionistas y tomarse la revancha con el PP que se ha quedado por el resultado electoral en la mínima expresión parlamentaria.

Su última apuesta, el Presidente autonómico investido a distancia y con mando a distancia, genera también un debate y hasta insignes profesores y estudiosos se han visto sorprendidos por la pretensión de prófugo. Un Presidente a distancia que es la mano que mece la cuna de la criatura independentista, cuyo aspecto debería ser sin duda inquietante para todos los catalanes con seny, habida cuenta de los personajes que han protagonizado el guión del proceso.

Puigdemont es uno de esos personajes que ha entrado por méritos propios en el Hall of Fame de los fugados típicamente españoles que deslumbran por su capacidad para desafiar la realidad desde la más carpetovetónica excentricidad.

Como Luis Roldán, el fugado director de la Guardia Civil o el Lute, fotografía de la España profunda de los años 70 o Jenaro, el estafador de Cádiz que simuló su muerte y huyó a Paraguay.

Sin duda, Puigdemont va a ocupar un capitulo principal en el libro de Fugados Egregios.

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