A corto plazo, nada claro

 

Los tres principales asuntos que están en la agenda política, las elecciones del 21 de diciembre, la Comisión parlamentaria que revisará el modelo territorial y el nuevo modelo de financiación autonómico, tres ítems vinculados que están monopolizando el debate, han sumido la situación política en el efecto noria.

Todos los partidos dan vueltas y ningún asunto avanza o, por lo menos, ofrece un horizonte de cierta resolución en el horizonte. Lo estructural posterga a lo cotidiano.

Las últimas encuestas publicadas en relación con las elecciones catalanas trasladan un cierto bloqueo para el día después. Ni los independentistas obtendrían mayoría absoluta, ni los constitucionalistas los votos suficientes para gobernar. Catalunya en Comun, Podemos más Ada Colau, se constituiría en árbitro de la situación, aunque es evidente que solo se movería en el arco de permitir un gobierno de ERC o forzar unas terceras elecciones en el mes de marzo que ya aparecen como una posibilidad cierta.

Todo dependerá aritméticamente de unos márgenes en escaños reducidos y políticamente se podrá comprobar si la cena oficiada en la última semana de agosto por Roures -Mediapro- en la que estuvieron Oriol Junqueras, Pablo Iglesias y Xavier Domenech, se traduce en un pacto que permita gobernar a ERC con un cierto desahogo.

Si tuviera que pronosticar si habrá o no unas terceras elecciones, les diría que los porcentajes están 4 a 1 favor de que no habrá una segunda vuelta. La razón es tan evidente, como que el sector independentista tiene una necesidad imperiosa de recobrar el Diario Oficial de la Generalitat en clave judicial y política, interna e internacional.

El avance de Ciudadanos es notorio y se refleja también en las encuestas para las elecciones generales por un evidente efecto dominó desde una Comunidad como Cataluña que aporta tantos diputados al Congreso: cuarenta y siete. Es evidente que Albert Rivera  ha acertado en su estrategia en Cataluña y que su portavoz allí, Inés Arrimadas, traslada muy directamente un claro mensaje político para los no independentistas.

Desplazado el centro del debate a Cataluña, el Congreso vive lánguidamente y la Comisión sobre el modelo territorial  que va a citar a los ponentes constitucionales tiene síntomas de que va a convertirse en un seminario universitario relevante para los historiadores.

Que de esta Comisión surja una Comisión para la reforma constitucional con una delimitación de contenidos y una agenda pactada, sería lo mínimo para darle credibilidad, no parece muy probable. El PP dice con razón que sin acuerdo con el PSOE no hay reforma constitucional, lo que parece evidente. En este escenario la posición de Iceta en Cataluña contamina decisivamente el acuerdo de Madrid para la reforma constitucional. De ahí las llamadas de atención para que el PSC no abandone el espacio ni el discurso de los constitucionalistas.

El tercer asunto, el reparto del dinero entre las Comunidades, el nuevo modelo de financiación, está necesariamente pospuesto a la aprobación de los presupuestos. Cristóbal Montoro asegura que se aprobarán, pero no dice cuándo.

El PNV que está de perfil en los asuntos de Estado, no parece muy dispuesto a mover ficha hasta que vea una cierta normalización en Cataluña y deje de estar todos los días en las portadas. Por tanto, de momento, presupuestos y financiación no están en la pista de despegue.

Con estos mimbres el Gobierno practicará la paciencia en la mejor versión de Mariano Rajoy. Pero que los demás no olviden que el botón para unas nuevas elecciones generales solo él lo tiene.

Y otro día comentaremos lo que se rumorea por Andalucía también en clave  electoral.

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