La mayoría silenciada de Cataluña

La campaña electoral ha comenzado en Cataluña. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha despedido al PSC del gobierno municipal. Dante Fachín ha abandonado Podemos y le ha dicho a Pablo Iglesias que cuando habla de Cataluña, desconoce la realidad y toca de oído. Los de ERC han designado a Junqueras, residente de momento en Madrid, como cabeza de lista. Los del PdeCat  huelen en el aire el fuego que les carbonizará electoramente y mendigan el paraguas de los independentistas de pata negra. Y Mariano Rajoy en Barcelona ha hecho un llamamiento a la movilización  de la mayoría silenciada.

Cataluña, los catalanes, están padeciendo una auténtica tragedia desde que  su Govern y sus representantes han abandonado la legalidad, la defensa del interés general y la atención a los problemas de sus ciudadanos. Una situación agravada con las huelgas políticas, el sabotaje de las autopistas y del AVE y la repercusión directa del desvarío de sus gobernantes en empresas y trabajadores.

El retorno a la estabilidad y a la normalidad institucional no va a ser fácil. Se han roto demasiados vínculos y valores comunes en la sociedad catalana que siempre ha sido un ejemplo de modernidad, seny y racionalidad en los momentos más decisivos de nuestra reciente historia. El daño material, económico, político y social es difícilmente cuantificable y, como dice el empresario José Luis Bonet presidente de Freixenet  y de la Cámara de Comercio, lo que se ha perdido, tardará años en recuperarse.

El PIB de Cataluña y el de Madrid están en cifras similares, en torno a los 210 mil millones de euros y representan el 19 y el 18,9 por ciento respectivamente del PIB nacional. Por eso Mariano Rajoy  ha pedido que no se haga boicot a los productos catalanes, porque la derivada es un perjuicio a la economía nacional que producirá efectos multiplicadores en numerosos sectores.

La recomposición institucional pasa por un Govern de moderados y constitucionalistas. Y es significativo que en una situación de conflicto tan intensa como la que han causado los independentistas, no haya aparecido un “Macron”, capaz de romper la dinámica perversa que  se ha vivido y que todavía no se ha resuelto.

Cataluña está manifestando una gran rigidez en la permeabilidad de los políticos, consecuencia de muchos años de clientelismo  que ha coartado y discriminado los intentos de regeneración y ha levantado una frontera para quienes no se doblegaban al discurso oficial nacionalista.

Ahora más que nunca sería necesario que los constitucionalistas y los nacionalistas moderados que respetan la legalidad que los hay, fueran capaces de converger en un proyecto político que fijase como objetivo el retorno a la Constitución, al Estatuto y a la estabilidad de un Govern dedicado a la gobernanza.

Y si para ello fue necesario proponer como candidato a una personalidad catalana incuestionable, capaz de liderar y representar un proyecto de la mayoría, si se quiere tener una posibilidad real de ganar las elecciones, por qué no hacer un ejercicio de generosidad y dejar a un lado las pequeñas escaramuzas políticas.

El momento es tan grave y lo que todos perdemos tan importante que exige una respuesta de Estado de los partidos políticos constitucionalistas, más allá de los pequeños intereses cortoplacistas de partidos y de dirigentes territoriales.

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