Quousque tándem abutere patientia nostra

Les podría decir que la comparecencia de Puigdemont ha sido una declaración de independencia interruptus. Que la farsa continua. Que los Parlamentos hablan cuando aprueban leyes o  resoluciones por mayoría y que hoy el Parlamento de Cataluña no ha aprobado nada, porque nada se ha sometido a votación. Que hemos visto en directo una degradación de la institución parlamentaria que se solemniza posteriormente en una sala del Parlamento, fuera del pleno, lo que constituye un acto de secesión protagonizado por 72 diputados que proclaman la República catalana, inician un proceso constituyente y declaran aplicable la Ley de transitoriedad.

Políticamente constituye una nueva provocación que no hay que devaluar o menospreciar por el hecho de que se haya firmado fuera de  la farsa parlamentaria, ya que se sitúa plenamente en  el ámbito del  Código Penal. Los miembros del Gobierno catalán y los diputados tienen la condición de autoridades públicas y en un edifico oficial, el Parlamento de una Comunidad Autónoma, declaran la Republica catalana y la entrada en vigor de la suspendida por el Tribunal Constitucional , Ley de Transitoriedad.

El artículo 472 del Código Penal, dentro de los delitos contra la Constitución, recoge el delito de rebelión. Y el artículo 477 dice  “La provocación, la conspiración y la proposición para cometer rebelión serán castigadas, además de con la inhabilitación prevista en los artículos anteriores, con la pena de prisión inferior en uno o dos grados a la del delito correspondiente.”

La estrategia de los secesionistas  sigue siendo lineal en la secuencia provocación, reacción del Gobierno, victimización de Cataluña y mediación internacional. Puigdemont y Junqueras busca un escenario a modo de Camp David, con Mariano Rajoy al otro lado de la mesa, y Kofi Annan y algún profesor universitario sueco ejerciendo de mediadores.

Pero toda esta patología psico-política que oscila entre la farsa, lo ridículo y el Código penal es muy grave, porque ya no se mueve en la campana del vacío de la política, sino que afecta a muchos ciudadanos españoles, catalanes y no catalanes, a los que se ha impactado con un escenario de incertidumbres que afecta a sus vidas concretas, a sus proyectos y a su futuro. Y sin ninguna razón que lo  justifique o al menos avalase una introducción meramente discursiva.

La generación y divulgación de la mentira de que Cataluña ha sido la Cenicienta maltratada por la España constitucional, reiterada por Puigdemont en el pleno del Parlamento, como razón política de su desvarío secesionista, ha remansado en una parte estimable de la sociedad catalana. Incomprensiblemente. Una sociedad a la que se la ha inoculado que el régimen de cleptocracia que ha estado instalado durante décadas en el Gobierno de la Generalidad era una necesidad para combatir al  Gobierno de España.

Hoy la reacción del Gobierno ha sido que no había reacción. La declaración del Ministerio de Justicia en los pasillos del Senado ha sido perfectamente prescindible. ”No podemos dar valor…no podemos dar valor…En principio no podemos dar valor”. El tono trasladaba tanta inseguridad que  parecía que a la nacida República Catalana solo le faltaba darle uno días de vida para que tuviera valor.

La Vicepresidenta ha comparecido posteriormente para anunciar la convocatoria del Consejo de Ministros del día después que debe efectuar el requerimiento previsto en el artículo 155 de la Constitución o adoptar otra medida que restablezca la estabilidad constitucional y proteja el interés general de España.

Lo que ha sucedido fuera del Pleno con la firma del documento -que es un desprecio a la Institución catalana representativa de la democracia-  es mas grave que lo que ha sucedido dentro de él, Y no se puede seguir  perjudicando a España, erosionando al Estado de Derecho y afectando a la vida de tantos españoles.

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