Cataluña, a 3.500 minutos

Cuando usted lea este artículo estaremos a unos 3.500 minutos del domingo 1 de octubre, a las nueve de la mañana,  día para el que se pronostica una temperatura de 22 grados con tormentas y un 35 por ciento de posibilidades de lluvia.

El Gobierno de la Generalidad, mientras llega día 1-0, continúa alentando la votación, con un mecanismo de agitación y propaganda al que se suman voces solistas como la de los Mossos, con su jefe Trapero al frente y personajes tan excéntricos como el futbolista Piqué, cuyo valores como jugador son inversamente proporcionales a su capacidad discursiva.

En estos 3.500 minutos, el presidente Puigdemont si fuera responsable, tendría tiempo para anunciar la desconvocatoria del referéndum, lo que es altamente improbable porque los secesionistas, en su escalada de provocaciones y actuaciones ilegales, han llegado a la estación término que deseaban: la presentación de un modelo binario que contrapone un Estado represor con un proceso democrático que solo quiere votar. Pero como escribió Benigno Pendas, director del Centro de Estudios Constitucionales, es una falacia mantener que hay una confrontación entre dos legalidades y dos legitimidades.

Una mentira reiterada en el tiempo que se difunde con demasiado silencio y se exculpa por los no alineados que relatan un cuento de sentimientos, agravios e incomprensión presentado  como Alicia en la Cataluña de las Maravillas.

El rigor y la honestidad intelectual en el razonamiento  no han tenido  mucho éxito en el debate público de una actuación política y legislativa en Cataluña que  ha  abusado de la paciencia del Estado, como  recordó Soraya Sáenz de Santamaría citando a Cicerón en las Catilinarias.

Los secesionistas han jugado y están jugando al límite y solo les queda conseguir una movilización popular el domingo 1 de octubre, con colas frente a los locales públicos de buenos catalanes prestos a votar, mientras la Guardia Civil y la Policía les impide el acceso.  Mientras los Mossos ayudaran a los ancianos e impedidos a subir las escaleras para acceder a las urnas.

Es la imagen y la foto que los secesionistas aspiran colocar en  las TV y la prensa internacional, a medio camino entre la revolución de los claveles y la sentada de Gandhi en la vía del tren. El pueblo de la Republica de Cataluña en la calle con una papeleta de votación y una rosa en la mano.

Si se quiere recopilar las respuestas a la pregunta ¿por qué y cómo hemos  llegado hasta aquí?, indispensables metodológicamente para realizar un diagnóstico de las causas y aventurar un escenario futuro, hay que analizar los datos objetivos, subjetivo y temporales.

Objetivamente Cataluña ha perdido capacidad competitiva con otros territorios. Hace algunos años, un periodista catalán me describía  la relación Madrid versus Barcelona de la siguiente manera. Antes Barcelona era como Milán, moderna, innovadora e industrial y Madrid como Roma, la capital del poder político. Ahora  Barcelona es como Niza, una ciudad junto al mar en que se vive muy bien, pero Madrid juega el papel de París, donde tienen lugar los acontecimientos importantes.

Si además el centro político de decisión se ha desplazado a Bruselas, cuyas decisiones impactan directamente en todas las políticas autonómicas y  tiene como interlocutor único a Madrid, es evidente que Cataluña tiene la percepción que en los escenarios mundiales y europeos no es más que un territorio dentro de España.

Les recomiendo la lectura del artículo publicado el pasado 27 de septiembre por Bernardo de Miguel en Cinco Días – Por qué se alejan Cataluña y Europa.

Desde el punto de vista de los protagonistas, lo que ha sucedido en Cataluña sería impensable con los políticos que protagonizaron la transición, aprobaron el Estatuto y construyeron la Comunidad. Los Roca Junyent, Duran i Lleida, Trias Farga, Maragall, Obiols, Solé Tura y por supuesto Tarradellas, no han dejado  hijos políticos y los que hoy gobiernan en Cataluña, formulan una política primaria y delirante  de arenga  desde un profundo vacío intelectual.

¿Cómo ha calado en una parte de la sociedad este delirio? La complejidad y diversidad social exigiría hacer un estudio que contemplase los distintos segmentos y auditase a la mayoría silenciosa, lo que excede de este observatorio.

Lo que es indudable es que el espacio del Estado, de Europa y de una cierta idea de España ha tenido escasos promotores.