El Congreso en la luna de Valencia

La distonía entre los parlamentos y la realidad suele ser una constante de la vida política. Los diputados van a remolque de los acontecimientos y no solo en la función legislativa que siempre regula hechos pasados, sino que las preocupaciones ciudadanas llegan tarde a debatirse en las Cámaras de representantes.

El Pleno solicitado por la oposición con la comparecencia de Mariano Rajoy y con el único punto del orden del día, el examen de las explicaciones del compareciente de la financiación del PP, se lleva la palma para los tratados de Derecho político del mejor ejemplo de la asincronía parlamentaria de nuestros diputados de la oposición.

La constancia de algunos diputados en devaluar la vida parlamentaria no tiene fin, con un evidente efecto de daño  a la estima de los políticos por los ciudadanos. Y afecta a todos.

El itinerario del caso Gürtel, hoy en vía judicial, excluye cualquier posibilidad por la lógica jurídica mas evidente que exista un atajo político, por vía parlamentaria, de superposición al proceso judicial. Mariano Rajoy solo ha tenido que relatar lo que dicen los tratados de Derecho que estudian los alumnos de primero de carrera. Quien exija y quiera hacer efectiva la responsabilidad política de un gobernante que presente una moción de censura que es el procedimiento constitucional adecuado. O que espere a las elecciones ya que la exigencia de responsabilidad también se hace efectiva cuando los ciudadanos acuden a las urnas.

La Presidenta del Congreso, Ana Pastor, debería preparar como regalo de Navidad para los diputados algunos libros básicos de teoría política y , entre ellos, los de Maurice Duverger que explica como en las democracias interactúa la opinión pública. Y si  se lo envía también a algunos tertulianos que se autocalifican  de “politólogos”, mejor que mejor.

De la intervención de Margarita Robles solo hay que resaltar que se ha metido en los vericuetos procesales de la declaración testifical  de Rajoy ante la Audiencia Nacional para reprochar a su compañero, el Presidente de la Sala, la forma en que dirigió la prueba testifical. Mal estilo. Y además se metió en el jardín de  intentar salvar la intervención del abogado del PSOE,  Benítez de Lugo, que fue un fiasco descomunal.

La ironía  parlamentaria la aportó el diputado Tardá de ERC que alegó que Rajoy debería dimitir por la corrupción y dio un mitin sobre el proceso catalán en su habitual estilo de exhibicionismo lunático. Cuando llega a Cataluña debe perder el olfato para percibir el estado de corrupción de sus socios de Gobiernos, los ex Convergentes.

Rivera y Ciudadanos insisten en la limitación de mandatos de los Presidentes de Gobierno investidos que es una iniciativa estimable siempre que la elección sea directa por los electores, como sucede en Francia y en EEUU. Sin modificación previa constitucional del sistema electoral, hoy por hoy, es una incongruencia jurídica ostensible.

Además de otras consideraciones, Rivera está proponiendo una causa de inegibilidad para la investidura del Presidente del Gobierno  que confronta radicalmente con los derechos constitucionales individuales y con la soberanía popular.Si Rivera además pretende su aplicación retroactiva y, por tanto, el computo del tiempo en que ya  ha ejercido el cargo Rajoy como Presidente antes de la publicación de la Ley,  revela una sonora frivolidad constitucional y que en Ciudadanos falta solidez intelectual.

Esperemos que se asesore debidamente y  corrija el rumbo de una iniciativa de calado que debe insertarse en una reforma integral del sistema electoral.

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