Cataluña: de la tragedia a la desconexión

Los atentados yihadistas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils eran una causa suficiente para  incorporar sentido común a la deriva política secesionista de Cataluña. Una aventura que cada día se desliza con mayor rotundidad para convertirse desde el disparate en un golpe de Estado. Lamentablemente no ha habido en los independentistas ni el sentido común de dar una tregua que permitiera recomponer el desgarro emocional de las víctimas y el duelo ciudadano, ni el sentido político suficiente para leer la realidad del día después.

En Cataluña los independentistas han roto  las columnas básicas de convivencia que rigen en cualquier Estado democrático avanzado que no puede tolerar la suplantación de los poderes institucionales que representan la soberanía popular. Si se transgrede esa frontera, la democracia queda desvirtuada y anulada.

Algunos hechos avalan la tesis de que el proceso han entrado en una dinámica que es mas propia de una opera bufa que de la mínima racionalidad exigible a cualquier representante público. Al modo de “Aquellos locos conductores en sus viejos cacharros”, los restos de los convergentes con Puigdemont a la cabeza, la CUP, la amalgama de Junts pel si y los chicos de Esquerra, con Oriol Junqueras de perfil, están percibiendo que el asalto al Estado programado para el 1 de octubre pierde apoyos sociales y de la opinión pública.

En este escenario, hay un movimiento de Oriol Junqueras dirigido a encarrilar el tren político de Cataluña y recuperar una cierta estabilidad post 1 de octubre, sin perder un solo grado de independentismo, pero gestionado desde una cierta racionalidad.

Aquí se enmarca la reunión con cena incluida de Oriol Junqueras, Pablo Iglesias y Xavier Domenech en casa de Roures, el empresario de los derechos del fútbol, enemigo declarado del Grupo Prisa que se mueve entre las sombras del poder político y económico.

En la reunión, que tuvo al transcender un cierto tufo de inoportunidad por el momento -se celebró tras la manifestación- y de liturgia conspirativa entre los concurrentes, se exploró la estrategia para la futura formación de una mayoría de gobierno en Cataluña entre ERC  y Podem en comú que contemplase un proceso versus referéndum ordenado y paccionado con una mayoría suficiente a componer que lo avalase ademas en la Carrera de San Jerónimo de Madrid.

Puigdemont y los del PDdeCat van a pagar sin duda la factura política del fiasco del 1 de octubre en el que han embarcado a la burguesía económica y financiera catalana, con una creciente preocupación por la posible desmovilización ciudadana tras la semana trágica de agosto en Cataluña y el agotamiento  de la conducción del Gobierno de la Generalidad.

La cena de Roures no tiene otra explicación que la recomposición de un modelo político en el que se cambia la desdibujada figura del conductor Puigdemont por  Oriol Junqueras, experto en las tácticas políticas vaticanistas que practican los mas ilustrados cardenales. Una cena que  podría ser relatada por Umberto Eco como un episodio más de 'El nombre de la Rosa', en el que los personajes que asistieron, el anfitrión, Pablo Iglesias, Oriol Junqueras y Xavier Domenech no necesitaban atrezo ni maquillaje y acordaban en qué pagina de la ley de desconexión fijaban el veneno para Puigdemont.

Todos representaron su papel y se necesitan recíprocamente. Podemos y ERC quieren consolidar su poder político real en Cataluña y su influencia en Madrid para “sacar a Rajoy y al PP del Gobierno”, devaluando al mismo tiempo la posición de los socialistas en un proceso de resintonía de la izquierda que da a Pedro Sánchez un papel de simple acompañante.

La partida no ha hecho más que empezar. Y Rajoy en el papel de Guillermo de Baskerville que interpretó Sean Connery, va a disfrutar del momento.

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