Rajoy aprueba el curso con nota

El curso político que finaliza tradicionalmente el 25 de julio, día del apóstol Santiago, patrón de Galicia y de España, que el Gobierno tendría que incluir como festivo en el calendario laboral nacional, se ha cerrado este año un día después con la testifical de Mariano Rajoy ante la Audiencia Nacional. Una comparecencia que ha movilizado a numerosos medios de comunicación que se han desplazado al inhóspito polígono industrial de San Fernando de Henares que aloja, como si fuera un cuerpo extraño, la sede de macro juicios de la Audiencia Nacional. Al que tuvo la idea de llevar allí esta sede periférica de la Audiencia Nacional hay que reconocerle su escaso aprecio por la Administración de Justicia.

Desde la colina del observatorio ya le advertimos a los espíritus inquietos, que viven en la tremolina, que la prueba testifical no iba a pasar de ser un incómodo trago para Mariano Rajoy que, previsiblemente, administraría con inteligencia.

Si, además, los abogados socialistas, enfundados en el disfraz de no sé qué asociación que se atribuye la exclusiva de abogados demócratas, iban a ser tan torpes en el pliego de preguntas, hay que afirmar que la prueba testifical fue perfectamente prescindible y no aportó nada. Ni a la búsqueda de la verdad procesal - el concepto de verdad del proceso define lo probado- ni a los intereses de la oposición de izquierdas, PSOE y Podemos, cuyos líderes Sánchez e Iglesias han pegado un sonoro gatillazo político con sus declaraciones. Las únicas conclusiones son que los abogados que preguntaron han perdido potenciales clientes, y que Sánchez e Iglesias no han ganado un solo voto.

Ambos siguen sin darse cuenta de que como sigan en la estrategia de atizar a Rajoy hasta que diga en inglés que dimite, lo único que hacen es reforzar las posiciones de una gran mayoría de españoles que en las elecciones aplica el siguiente razonamiento:

1.Rechaza y le asquea la corrupción, venga de quien venga.

2.Está convencido de que Rajoy es un político honesto que no ha utilizado la política en beneficio ni de sí mismo ni de sus próximos.

3. Que dentro de los actores políticos que se pueden votar, Rajoy genera estabilidad y aporta bastante sentido común, por lo que comparado con sus opositores su figura se agiganta.

Si además este país crece económicamente al 3,1 por ciento en tasa interanual y se baja de los 4 millones de parados, el nivel de seguridad que proporciona el Gobierno crea un colchón suficiente para mantener la gobernabilidad durante toda la legislatura. Controlada la crisis económica y diluyéndose en los juicios los casos de corrupción, hoy hay que apostar por una legislatura completa.

El otro personaje que contribuye al soporte electoral del PP es Puigdemont, el presidente catalán que, camuflado bajo su flequillo, cada día representa un acto más de la opereta bufa en que se han instalado los antiguos convergentes que, en otros tiempos, han representado a la burguesía catalana empresarial, laboriosa y abierta al mundo. Ahora son los rehenes del independentismo radical de la CUP y de ERC que los utilizan como liebres para provocar al Gobierno.

El descuelgue de empresarios y funcionarios en Cataluña no ha hecho más que empezar, y la devaluación política del proceso secesionista es cada vez más patente. A quienes reclaman desde los micrófonos diálogo, e imputan inmovilismo a Rajoy, hay que recodarles que los secesionistas, dese el primer minuto, no han planteado otro diálogo que el de las disposiciones transitorias de la Ley de Independencia. Y ahora ni eso, pues pretenden apropiarse de todos los bienes del Estado en Cataluña por derecho propio, por lo que a todos los españoles nos van a expropiar sin pagar el justiprecio.

En Andalucía, la presidenta socialista Susana Díaz lo tiene claro. La plurinacionalidad que defiende Sánchez no tiene la menor sustancia para ser la presa que contenga y amaine las posiciones independentistas. Porque realmente no hay otro debate que el de reconocimiento o no de la soberanía a Cataluña  y la inmediata derivada la ruptura con España.

Todo con un trasfondo económico y el intento de blindar a los políticos de la corrupción estructural. Lo que se cuestiona por el independentismo es la caja única de la Hacienda Estatal y de la Seguridad social y la Justicia del Estado, conforme una tesis profundamente insolidaria, reaccionaria y vinculada a un aldeanismo incompatible con la historia y la realidad actual del mundo.

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