El cambio no puede esperar más

No hay tregua informativa en la España de los sobresaltos. Sin duda muy a pesar de lo que desearía el Presidente de la Generalitat de Cataluña que había planificado un verano con su referéndum ocupando permanentemente las portadas. Pero sin convocatoria no hay urnas y sin urnas no hay referéndum.

La lista de altos cargos y asesores que hacen mutis y abandonan la escena continúa creciendo y como en el teatro, en el que la palabra Macbeth no se pronuncia por superstición, en Cataluña nadie quiere poner su firma para que arranque el referéndum.

La traca independentista de esta semana ha sido apagada por lo que ha sucedido en la Federación Española de Fútbol que se salda con el auto de prisión incondicional dictado por el juez Pedraz que transmite la gravedad de unos hechos que deben exceder de la  reventa de entradas.

En esta España nuestra, las investigaciones de los Cuerpos de Policía y Guardia Civil y la actuación de los jueces, fiscales y Tribunales se desarrolla bajo los principios de profesionalidad e independencia del Gobierno. Por tanto no hay más que pedir el máximo respeto al derecho a la defensa de los investigados, la celeridad en la instrucción y la proporcionalidad las medidas cautelares.

En el análisis exclusivamente político que es el que procede en este momento, lo cierto es que desde hace años los sucesivos Gobiernos no han podido, sabido o querido reconducir y  ordenar el mundo federativo desde la estricta consideración de los principios básicos del Estado. Democracia interna, legalidad y transparencia económica y financiera.

En el capítulo de antecedentes, Mercedes Cabrera Calvo Sotelo, ministra en el  Gobierno  socialista entre 2006 y 2009, con Jaime Lissavetzky  como presidente del Consejo Superior de Deportes, aprobó una normativa  para ordenar los procesos electorales en todas las Federaciones. Un orden ministerial que sin embargo Villar se saltó a la torera en el año 2012, con la anuencia de la Directora General que ocupaba transitoriamente la Presidencia del Consejo en el cambio de Gobierno de Zapatero a Rajoy. Y la foto final de elecciones con un solo candidato se repetía una y otra vez.

El nuevo presidente del Consejo, Miguel Cardenal, empezó dando cobertura a la Presidencia de Villar y acabó tarifando con él y  salió de la Presidencia del Consejo Superior de Deportes tras los cambios en el Ministerio de Educación. Su sustituto, José Ramón Lete, llegó con la instrucción de La Moncloa de pacificar las relaciones entre el Gobierno y la Federación, y ahora tendrá que adoptar medidas inmediatas que devuelvan la normalidad.

El fútbol no es simplemente un deporte, sino que es un auténtico sector económico que tiene una relevancia informativa que excede a la de otros agentes económicos. Y como sector económico de interés general tiene que estar regulado. Por más que  a algunos presidentes de federaciones se les llene la boca diciendo que solo responden ante sus federaciones internacionales y conforme a sus normas propias, no cabe duda que no puede ser un sector en el firmamento de las estrellas, más allá del Ordenamiento Jurídico del Estado.

Es necesario que la UE establezca un marco básico y homogéneo que regule el deporte y el fútbol en particular en sus derivaciones económicas principales, desde la perspectiva de las buenas prácticas contables y financieras, la protección de los derechos de deportistas y aficionados y la regulación de la competencia en el mercado europeo. Algo ha empezado hacer la UEFA mediante Comités específicos  integrados por expertos profesionales.

Desgraciadamente aquí la Federación Española se ha movido sin favorecer la transparencia -la renuncia a las subvenciones del  Estado para no rendir cuentas es inaceptable- y segando cualquier intento de apertura de ventanas. Ha actuado más como una secta que como un organismo que dirige y regula la competición

La democratización, modernización y recuperación del prestigio de las Federaciones es absolutamente indispensable. Si no lo hacen la partición entre el deporte profesional agrupado en ligas profesionales y el deporte aficionado será cada vez más acusada y las Federaciones acabaran arrinconadas y con un papel anecdótico en el deporte.

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