Cuatro imágenes de España

Este país, la nación más antigua de Europa, ha mostrado cuatro imágenes que reflejan la contradicción en la que vive, quizás producto de la historia de sus convulsiones que proyecta una sombra de duda permanente a su identidad. A España le cuesta más que a otras naciones reconocerse a sí misma

Primera imagen. Recordar el espíritu de Ermua es un acto de justicia colectiva. Miguel Ángel Blanco es, sin duda, una víctima igual que las 857 restantes. Con el mismo de derecho a vivir y con el mismo dolor causado a quienes le querían. Pero su asesinato, relatado desde un secuestro cruel, sirvió para que la sociedad vasca perdiera el miedo al terrorismo y se rebelase ante la falsedad del discurso de los terroristas y de quienes les exculpaban.

Podemos y la alcaldesa Carmena se han equivocado en un lugar en el que no puede haber equívocos.

Solo había dos líneas. La de quienes estaban con la libertad y el derecho a vivir y la de quienes estaban con el terror y la muerte. Que HB Bildu haya desaparecido del escenario del recuerdo sirve para alejar cualquier duda a los que todavía analizan el terrorismo desde una  explicación justificativa. El terrorismo para nuestra desgracia es una imagen impregnada en el ser de España.

Segunda imagen. Escuchar el  himno de España en Horse Guards Parade y ver las imágenes de Londres engalanado con la bandera de España, recibiendo la Reina de Inglaterra al rey Felipe, eleva el sentimiento de que somos una gran nación. Necesitamos una cierta dosis de patriotismo y nuestra representación por los Reyes, arropados por el símbolo de la bandera, reafirma nuestra identidad que está trazada en la historia con grandes aciertos y por grandes hombres.

Los sonidos de la Marcha 1ª de la obra sinfónica de Elgar, Pompa y Circunstancia, compuesta para la coronación de Eduardo VII, ha sobrevolado el trayecto de la carroza que transportaba a los Reyes hasta Buckingham Palace. Orgullo legítimo del Estado que hay que proclamar. Qué gran nación si no dedicase tanto tiempo a castigase a sí misma.

Tercera imagen. El final de curso de la política en el Congreso de los Diputados y en el Parlamento catalán refleja el medio ambiente en que se desenvuelve, tan poco estimulante.

En Cataluña el gobierno de Puigdemont tiene dudas y empieza a jugar con el referéndum del 1 de octubre al juego de la silla. Corren dando vueltas a las sillas y como se pone una menos, uno se quedará de pie. Y tendrá que pagar los platos rotos del referéndum.

Puigdemont  mira a Oriol Junqueras y este que es más listo, tiene un ojo mirando al referéndum y otro a las elecciones. Puigdemont y la antigua Convergencia empiezan a oler a quemado.

En Madrid, Pablo Iglesias en la sesión de control, sigue empeñando en hacer más grande y popular a Mariano Rajoy que en agradecimiento le debería invitar a Mar y Cielo a contemplar una puesta de sol en Sangenjo.

Y dicen que el grupo dirigente de Podemos ha dado clases en la Facultad  de Ciencias Políticas. ¿Qué habrán aprendido sus alumnos?

Cuarta imagen. Los hombres de Harrelson de Montoro han abordado el yate en el que Cristiano Ronaldo navegaba por Formentera con su familia. Durante una hora y media han estado revisando los papeles ¿Habrá pasado la ITV el barco? O el Ministro de Hacienda que le gustan más los caballos, la ha tomado con el fútbol o el responsable de Aduanas disfruta con los paseos en neumática por las aguas de Ibiza.

Demasiada sobreactuación para lo que debe ser una rutina administrativa a realizar en puerto. Lo extraordinario y absurdo es contraproducente para el rigor silencioso del Derecho tributario.

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