El bluf de la moción

Dos días de moción de censura de artificio y con calor propio del ferragosto se hacen insoportables. Afortunadamente la España que trabaja ha seguido con distanciamiento y escaso interés el espectáculo de agitación y propaganda, producido y dirigido por Pablo Iglesias con la artista invitada de Irene  Montero que ha hecho de telonera, o mejor de liebre en la carrera de galgos. Eso sí, con un discurso al modo castrista, de más de dos horas, plagado de tópicos propios de la floja redacción de una alumna de secundaria.

Ciertamente, después de su intervención, es más evidente que este país necesita una reforma educativa que no va por la senda de indultar suspensos, tal y como ha firmado el ministro del ramo, Méndez Vigo.

Lo inútil conduce a la melancolía, excepto para Pablo Iglesias que ya podrá regalar al próximo mandatario internacional que visite España o al mismo Papa Bergoglio, las cintas de video de sus intervenciones en el Congreso. El título, “Lecciones de estrategia y oratoria política”. Primer capítulo: “De la demolición de la Constitución de 1977 a Venezuela con Bildu y ERC”.

La moción de censura ha sido en términos políticos lo que en el Derecho se define como un fraude de ley: la utilización de una norma para conseguir un efecto distinto del que le confiere el Ordenamiento Jurídico. El objetivo era meramente publicitario para el ticket Pablo e Irene, una devaluación del anterior tándem podemita, Pablo e Iñigo, en el que el segundo, hoy preterido, le aportaba algún toque de razón e inteligencia.

Los matrimonios políticos son muy complicados, sobre todo cuando los segundos empiezan a ser tan relevantes como el primero. En estos casos el instinto asesino de los políticos se reactiva y entra en su modo de mayor intensidad. Iñigo ya aparecía en la TV demasiado; hasta en el programa de Buenafuente.

Después de dos días de pleno y a pesar de los esfuerzos de alguna radio que a pesar de los oportunos cortes publicitarios para interrumpir la intervención de Rivera, pretendía convencer a los ciudadanos de que estábamos asistiendo al combate del siglo, lo cierto es que la única conclusión de la moción es que no hay  conclusión, más allá del ejercicio onanista, de autosatisfacción, de Pablo e Irene.

Rajoy sin duda ha pisado la arena de la plaza más de lo esperado. Harto de soportar la imagen de inacción que se le atribuye y seguro de que iba a ganar el partido, como le reconoció el  editorial de El País, no iba a  desaprovechar la oportunidad de lucirse en los remates.

El presidente del Gobierno continúa con una muy buena imagen internacional, paralela a la recuperación económica del país y a  su consolidación electoral tras gestionar una crisis devastadora que se ha llevado por delante a otros gobiernos europeos. En  las instituciones y cancillerías europeas España hoy es un país fiable que ha definido un modelo económico eficiente de estabilización, apoyado en reformas estructurales.

El equilibrio entre coberturas sociales y reformas necesarias practicado por el Gobierno de Rajoy ha sido capaz de impulsar la economía y mantener la paz social en estos años. Las políticas públicas, digan lo que digan Pablo e Irene que además de llamar repetidamente ignorante a Rivera le afean su conformismo social, han estado dirigidas a la protección de los más perjudicados y a la preservación del sistema económico y territorial. Y si hay que criticar algún elemento que defina la acción política desde 2011, se debe recordar que se han atemperado y moderado reformas necesarias en aras de preservar los instrumentos de protección social. Demasiado conservadurismo y audacia limitada en algunas de las reforma estructurales.

Mariano Rajoy le guste o no a la oposición y a los medios que le hacen la ola, tiene aprobado el curso, con el pacto presupuestario, la derrota de la moción de censura y los datos de crecimiento de empleo y del PIB publicados.

Solamente le queda al Presidente la asignatura de la declaración testifical en el juicio Gürtel que vaticino, se diluirá en los calores de agosto.

Y Rajoy seguirá sin sobreactuar en el escenario político, en el que abundan los aspirantes a tenores y prima donna que con sus intervenciones en el Congreso sube el precio del pan y los votos al partido Popular.

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