Partidas a dos bandas

En la política española de esta primavera de 2017 los líderes de los partidos de la oposición están jugando partidas a dos bandas. Como en el ajedrez o en la plaza de toros de El Puerto de Santa María en la que hace muchos años se celebraban simultáneamente dos corridas de toros mediante una división en el extenso coso.

Pablo Iglesias, el líder de Podemos, ha anunciado que presentará una moción de censura a Mariano Rajoy. La iniciativa, como publica el titular de Republica.com, no se ha acordado con ningún otro Grupo Parlamentario y pretende dejar en fuera de juego al PSOE, sumido en un prolongado proceso de primarias para resolver su liderazgo y de paso madrugar a los demás partidos.

Los franceses dirían que es una boutade o un soufflé que, conociendo al cocinero Iglesias, llegará desinflado a la mesa. La respuesta de los demás partidos de la oposición ha sido tan contundente en el rechazo que lo menos que han tenido que oír es que no van a secundar el circo que Pablo Iglesias quiere montar como director de pista. La foto de la portada de ABC del equipo de Podemos que se habían puesto las chaquetas para la ocasión, con pose gubernamental como “la banda de los siete”, ha rematado la voladura de la moción de censura antes de presentarse.

El mismo día por la mañana Pedro Sánchez en la entrevista matinal en la SER, inasequible al desaliento, repitió obsesivamente que Mariano Rajoy tenía que dimitir, en declaraciones también dirigidas contra la Gestora del PSOE y su contrincante Susana Díaz por su silencio. El soliloquio de Pedro Sánchez lo tumbó por la tarde Pablo Iglesias con el número, “más difícil todavía”, de la moción de censura.

En panel de las críticas de la oposición al Gobierno del PP por los casos de corrupción hay una cierta competición entre partidos en la que participan también los medios próximos, con un evidente sentido de emulación entre unos y otros. Ciénaga, dimisión, moción de censura hasta llegar a la disolución por ser una organización criminal. A ninguno parece que le interesa que la Justicia funcione, que actúe con mayor celeridad y se fortalezca el consenso en la opinión pública de la independencia de los jueces y Tribunales.

La política en España desde la percepción ciudadana deambula entre el desapego, el desencanto, la incredulidad y el escepticismo. El Gobierno está manteniendo ante los inaceptables casos de corrupción una estrategia de distanciamiento, forzado por su minoría parlamentaria, una cierta soledad en los medios y demasiado conformismo.
Como aventuramos desde este observatorio cuando se formó el Gobierno, el Presidente se centra en la agenda exterior ante un mapa político en el que el protagonismo diario está en las noticias de Tribunales y el ruido subsiguiente en el Parlamento. El menú no es muy saludable para un país que tiene un capítulo de reformas pendientes y el circo independentista catalán dispuesto a actuar en sesión continua. Pero es lo que hay y la continuidad de la legislatura que requiere una cierta estabilidad, tiene cada vez menos apuestas en su casillero.
Este modo italiano de vivir la política en España es una novedad que como todas tiene su atractivo, porque refuerza los mecanismos de resistencia de la sociedad, aunque no hay que exagerar.

El PP como partido debe dar señales inequívocas de que los evidentes errores del pasado en la política de recursos humanos, selección de protagonistas en algunos Gobiernos y Parlamentos, no se volverán a repetir. Ello exige cambiar la ley electoral, valorar a los candidatos por su capacidad, no por su disposición a la obediencia ciega, y favorecer que los mejores se incorporen a la vida política y a los dos días de la experiencia salgan corriendo.

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