Levante en el Estrecho y tormenta en Madrid

En la semana de Pascua, el viento de levante que ha alcanzado los 100 kilómetros por hora en el Estrecho y que sirve para secar el exceso de humedad que provoca el mar, ha traído la tormenta de la operación Lezo con la detención e ingreso en prisión del que fue presidente de la Comunidad, Ignacio González y los registros en el Canal de Isabel II y en empresas privadas que cotizan en el Ibex, como OHL e INDRA.

En el horizonte se aventura un prolongado y complejo proceso judicial que va a trasladar mucho ruido a la política, con efectos derivados en la estabilidad del Gobierno. En un escenario donde los partidos políticos de la oposición demuestran una considerable fragilidad y ausencia de narrativa, los casos de corrupción, aunque sean del pasado, se utilizan indefectiblemente en el juego de la política e incrementan los grados de inestabilidad gubernamental. Una factura que pagará en términos de incertidumbre la recuperación económica que tiene unas previsiones meteorológicas muchas más apacibles que la política.

Madrid ha sido, es y será un territorio fundamental y decisivo para el PP. Desde 1991 en que Álvarez del Manzano y Ruiz Gallardón ganaron las elecciones municipales y autonómicas, con mayoría absoluta en la Alcaldía que se extendería en 1995 a la Comunidad, el PP ha sido la primera fuerza política aportando el mayor número de concejales, alcaldes, senadores y diputados en las respectivas elecciones.

Atrás quedaron los años del periodo 1979-1995, en el que la izquierda del PSOE y el PCE ocupó el poder mayoritariamente en los Ayuntamientos y en la Comunidad. Entre 1995 y 2003, los Gobiernos de Álvarez del Manzano y Ruiz Gallardón dieron un impulso a la transformación y modernización de Madrid, con actuaciones tan importantes, como el cierre de la M40, el inicio de los PAUs, el plan de extensión del METRO, la aprobación del PGOU de 1997, la recuperación del Centro Histórico o el soterramiento de la M30. Sin ruido y sin historias. Realidades que se proyectaron y se ejecutaron desde el interés público, impulsando la colaboración de empresas privadas, bajo los principios de concurrencia y transparencia. Con profesionalidad y con rigor.

Madrid se preparó con el esfuerzo de todos entre 1995 y 2003 para estar entre las grandes ciudades europeas en el nuevo marco de la Unión Financiera y Monetaria con una transformación sin precedentes. Los madrileños avalaron el trabajo político realizado y ratificaron su voto en las elecciones de 2004, aunque se produjeron cambios en el encabezamiento de las candidaturas al Ayuntamiento y a la Comunidad, olvidando la dirección del PP el principio deportivo de que “nunca cambies al equipo ganador”.

La política es una actividad voluntaria. A nadie obligan a estar en política, en la que rige la máxima que es mucho más fácil entrar en política que salir de ella. Los ciudadanos depositan su confianza en los elegidos con un mandato explicito: que anteponga ante todo el interés público y, por supuesto, por delante de los suyos propios. La política obliga a renuncias personales, familiares y profesionales. No se llega a la política ni para enriquecerse ni para disfrutar de una mejor vida, fines legítimos en la actividad privada empresarial, profesional o laboral de cada uno, siempre dentro de la legalidad y de los valores éticos.

En el PP hay una inmensa mayoría de afiliados que trabajan y dedican su tiempo en razón a su compromiso personal, sin recibir nada a cambio. Y una mayoría de cargos que cree y practica lo que dice. Los electores realizan un depósito de confianza que los cargos electos debe retornar y que Cristina Cifuentes, como presidenta del partido tiene que procurar y garantizar. Aquí se han hecho bien muchas cosas sin que salten de la política a las primeras páginas de los Juzgados y Tribunales.

Abrir las ventanas y renovar los equipos es la mejor medida cuando el aire está viciado y se convierte en irrespirable. Si se quiere combatir el desánimo no hay como trasladar una voluntad firme y decidida de cambio y de que los errores del pasado no se volverán a repetir.

La historia del PP es lo suficientemente importante para España para que quede empañada en procesos judiciales.

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