La inevitabilidad del terrorismo

Escribo este observatorio al mismo tiempo que veo la información y el debate en TVE 24 horas sobre el atentado terrorista de Londres. El Jefe de la Policía de Londres informa en directo que el atentado terrorista es de naturaleza islamista radical. Y añade que el policía asesinado a la puerta del Parlamento estaba desarmado. Especialmente destaca el Jefe de la Policía que los parlamentarios quieren una democracia abierta, pero que hay establecer un equilibrio con la seguridad.

El profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, invitado en TVE experto, según dice, en terrorismo, utiliza los términos de “resistencia de los europeos“ y considera que la situación es “tolerable” y “soportable”, adjetivos que entrecomilla y matiza en una segunda intervención señalando que el terrorismo no va a “colapsar“ la democracia.
La última pregunta con la que termina el debate, ¿hay una solución para evitar el terrorismo o tendremos que acostumbrarnos a vivir con atentados?, deja en el aire la sensación de que es “inevitable” e incluso que va a ser “tolerable” y “soportable” y que solo podemos apelar a la “resistencia”.

La cuestión es a quiénes les tocar pagar con su vida esta resistencia. La historia demuestra empíricamente que el terrorismo con proyección ideológica acaba siendo derrotado. Así lo acredita la desaparición de bandas terroristas como fueron el OAS en Francia, el IRA en el Reino Unido, Baader Meinhof en Alemania, las Brigadas Rojas en Italia y ETA en España.

Europa nunca ha perdido la batalla. Pero no cabe duda que hay un coste personal directo en las víctimas y con un efecto multiplicador en la sociedad y en la economía. Habría que estimular a las Universidades y a los Think Tank para que estudiaran y evaluaran los efectos negativos directos e indirectos que causan en Europa los atentados terroristas. La deseconomía de escala del terrorismo.

Hay sin embargo una diferencia fundamental entre las citadas bandas terroristas y el terrorismo islamista. Mientras que el OAS, IRA, ETA, Baader Meinhof y las Brigatte Rosse, eran organizaciones interiores, creadas por ciudadanos de los Estados, la amenaza del terrorismo islamista tiene un origen intelectual y metodológico exterior a Europa.

Es evidente también que los avances tecnológicos en materia de información y el desarrollo de la UE en cooperación hacen que sean mucho más eficaces hoy los medios de la policía y la seguridad preventiva. Sin embargo no hay que olvidar que las bases de reclutamiento y operaciones están fuera de Europa, aunque indudablemente las células han anidado en nuestras ciudades. Aquí se procura un reclutamiento de activistas y colaboradores utilizando las redes sociales y la cooptación por medio de la religión.

La ruptura del canal de comunicación logístico y financiero exterior que utiliza el terrorismo islamista radical en todo caso es fundamental en esta nueva forma de guerra, por mucho que se quieran identificar los atentados con lobos solitarios. Hay una amenaza estructurada como guerra terrorista contra esta Europa que está enredada en sus problemas más domésticos y parece que no percibe el alto riesgo que amenaza su forma de vida.

Madrid, París, Bruselas, Londres, en momentos concretos, se convierten en símbolos europeos, en exponentes del ser europeo que los terroristas golpean con una oportunidad innegable. El terrorismo islamista en las ciudades es una nueva forma de guerra a la que habrá que hacer frente con renuncias y limitaciones concretas y temporales en derechos y libertades que los europeos vamos a tener que soportar. Es el precio a pagar por una sociedad abierta.

Y ser constantes en la política internacional. Será muy difícil derrotar al terrorismo islamista si no hay un conjunto de acciones que procuren la cooperación de los países musulmanes y su camino hacia la democracia. La coordinación con el presidente Donald Trump también es fundamental, como lo fue anteriormente con los Gobiernos de EEUU, si se quiere trasladar a los ciudadanos la percepción de que sus gobernantes tienen un plan para actuar contra el terrorismo islamista.

Por el momento se escuchan lamentaciones y discursos que, por reiterados y obvios, acaban siendo vacíos. Los europeos no debemos permitir que deroguen nuestro modelo de vida por un fanatismo ideológico estimulado por una raíz religiosa.

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