Rajoy, estabilidad y moderantismo tecnocrático

Fin de semana de lluvia y Congresos que han servido para ratificar la tendencia marcada en cada formación desde las elecciones de junio pasado. En el PP no queda en pie ningún rival frente a Mariano Rajoy que ha consolidado su liderazgo con su segunda investidura como Presidente de Gobierno. Las líneas políticas que aplica en su estrategia que cumple rigurosamente, se asientan en la moderación, el practicismo y la adaptación al medio político. Mariano Rajoy no ha entrado en ninguna batalla innecesaria, ni las que le han querido plantear desde las proximidades del PP, ni desde los partidos de la oposición que han confundido con demasiada frecuencias las demandas lanzadas desde los medios con las reales de los electores. Este error analítico determina que la izquierda no se explique todavía los resultados de las elecciones generales.

El mayor desgaste en la supuesta demolición del bipartidismo, profetizada con evidente ligereza, lo ha sufrido sorprendentemente el PSOE que llevaba cuatro años en la oposición. Cualquier analista externo a quien se hubiera presentado el documental de los años 2011 a 2015 en España, en los que el Gobierno de Rajoy tenía que administrar la dura crisis y el partido de la oposición era el PSOE, con su bagaje histórico y estructura territorial, hubiera pronosticado un trasvase de votos a favor de los socialistas que les permitiera gobernar. Sin embargo, la aparición de los nuevos actores en el reparto político, Podemos y Ciudadanos, provoca que el mayor damnificado sea el PSOE.

El PP, a quien se pretende cercar con los casos de corrupción, pierde apoyos pero gana las elecciones de noviembre de 2015 y junio de 2016. Mariano Rajoy, desde un liderazgo tranquilo, ha leído mejor que sus adversarios la transformación política que se estaba viviendo. Un sector mayoritario de la sociedad está y estaba esforzándose en corregir los efectos de las crisis y no consideraba un modelo de salida fuera de Europa, alejado de la moderación y revisionista de los esfuerzos del pasado convertidos en reformas. La ruta recorrida ha sido muy dura como para tirarlo todo por la borda. La frase que sintetiza este sentimiento colectivo es la recuperación de la estabilidad pérdida en un escenario de inseguridades sociales y temores personales que pedían sencillamente una corrección del rumbo del país, en Europa sin duda.

Mariano Rajoy no ha sobreactuado en política cuando estaba en la oposición ni cuando llegó al Gobierno. Y tampoco se ha identificado nítidamente con alguna de las corrientes ideológicas que han conformado el PP. Ni es estrictamente conservador, ni se proclama como demócrata cristiano, ni se envuelve en el liberalismo declarativo. Su posición política ha estado siempre marcada por el practicismo reformista o moderantismo tecnocrático que tiene el precedente histórico en la denominada Década Moderada durante el reinado de Isabel II.

Internamente sin oposición, solo queda Javier Arenas en una segunda línea de los que protagonizaron la refundación con Aznar, Rajoy ha practicado una renovación en los cuadros del PP con tanta eficacia que hay quien duda de si realmente compartió aquella etapa política. Los cortafuegos con el pasado y con los casos de corrupción en sede judicial que se van desmenuzando en su respectiva dimensión, han funcionado con eficacia mediante una actitud de resistencia y distanciamiento, favorecida por su integridad personal.

Un medio tan significado como el ABC reclamaba desde El Astrolabio de su director que “por el pragmatismo no siempre se llega a donde uno quiere”, tras afirmar que “el PP se parece demasiado a sus oponentes”. La respuesta es que Mariano Rajoy pretende llegar a donde uno puede que es el punto en el que una idea y una reforma es capaz de realizarse sin ocasionar un conflicto que devalúe su efecto. Y por ello los debates del PP en su Congreso se han reducido a la gestación subrogada que se ha caído de la agenda, ya que no hay un consenso social suficiente que avale una posición rotunda y a las incompatibilidades internas que se ha resuelto con el principio de que toda norma general admite excepciones.

Al otro lado de la cama política, mucho barullo.

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