Trump y May unidos en el proteccionismo

La política internacional va a girar con una velocidad distinta en 2017 una vez que Donald Trump jure y tome posesión el viernes 20 de enero de la presidencia de los EEUU. En la misma semana, la Premier Theresa May ha presentado doce puntos en la agenda para formalizar el Brexit en el plazo de dos años al amparo del artículo 50 del Tratado de Lisboa.

El cambio en la política internacional de los EEUU tiene tres grandes líneas muy definidas: nueva relación con Rusia, retirada de la presencia y aportación militar en terceros países y proteccionismo comercial. Al mismo tiempo alguna anécdota para entretener a la parroquia, patrocinando la ruptura de la UE tras la decisión de Gran Bretaña, con audiencia al excéntrico Nigel Farage, promotor del partido UKIP.

Esta nueva política internacional norteamericana presenta contradicciones con el perfil ideológico que sustenta a Donald Trump que es un candidato del Partido Republicano. La proximidad a Putin y la reducción del gasto y la presencia militar en el mundo no es compartida por los halcones de Washington y son acciones más propias de los que se identifican como “palomas” que se sitúan en las tesis de la distensión y el pacto de civilizaciones. En definitiva una política propia de la izquierda que se integra en el mosaico ideológico de un personaje tan singular y excéntrico como Donald Trump.

Estas dos líneas de política internacional son una agresión directa a la UE y una ruptura de una alianza que perdura desde el final la II Guerra Mundial y que determinó el nacimiento de la OTAN. Pocos años después, el 9 de agosto 1949 se constata que la Unión Soviética ha realizado pruebas con arma atómica y en 1953 con arma nuclear, lo que activa la guerra fría entre EEUU y la URSS.

Michael Jay Friedmam, historiador de la diplomacia estadounidense explica lo que significaba el concepto: La guerra fría fue ante todo una guerra de ideas, una lucha sobre cuál sería el principio organizador de la sociedad humana, una competición entre el liberalismo y el colectivismo forzado. Para Estados Unidos, la Guerra Fría fue la primera incursión que hiciera como nación en el terreno de la política de las grandes potencias y para ello fue necesario que el pueblo estadounidense afrontara, si bien no siempre a su entera satisfacción, sus propios sentimientos encontrados sobre el mundo exterior: por una parte, el deseo de mantenerse aislado y, por otra, el de ser el paladín de la libertad de otros pueblos, por motivos tanto altruistas como de su propio interés.

Superada formalmente la guerra fría con el control y desarme nuclear, aun abiertos otros frentes como en su momento Irak o actualmente Irán, el momento político de los EEUU con Trump gira hacia el aislamiento y la desconexión con Europa.

Una UE que ha manifestado vulnerabilidad desde la caída del Telón de Acero y la crisis de Yugoslavia, sin que haya sido capaz su diplomacia de establecer una relación con Rusia basada en la confianza y la estabilidad. La crisis del gas entre Rusia y Ucrania en 2014, las sanciones comerciales por la invasión de Crimea y la alianza rusa con el Presidente Bashar al- Assad en Siria, junto a Irak e Irán, son acciones recientes que justifican las reticencias de la UE para considerar a Putin un socio fiable y que actúa en alguna sintonía con la UE.

El otro frente proteccionista en esta remake nacionalista es Gran Bretaña que pretende un Tratado de libre Comercio con Europa, la ruptura jurídica con el Derecho Europeo, con un sistema normativo y autónomo jurisdiccionalmente y la potestad de filtrar a los “foreigners” o “outlanders”.
Habría que recordar a la señora Theresa May que el Derecho Internacional tiene entre sus principios el de reciprocidad, lo que permitiría también a los países de la UE vetar a los británicos indeseables o no adecuados y solo aceptar a los mejores y más brillantes.

La contestación en Escocia al Brexit que reaviva la llama independentista y el mantenimiento de la República de Irlanda en la UE, por tanto con restablecimiento de la frontera, generan incertidumbres en la agenda de la Primera Ministra, cuyo memorandum es, por el momento, más generalista y especulativo que concreto y realista.

El renacimiento del proteccionismo y el rancio nacionalismo es, no solo un retroceso de los principios de la democracia liberal y social que ha construido Europa, sino al mismo tiempo un riesgo cierto en seguridad y cooperación entre las democracias avanzadas.

Winston Churchill que acuñó la expresión de Telón de Acero, recordó que el político se convierte en estadista cuando empieza pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *