Topics para el Congreso del PP

En el PP se abren estos días dos debates que están destinados al entretenimiento general sin que, presumo, que altere el ritmo político del residente en La Moncloa ni el de los ocupantes de la calle Génova.

El primero, en orden de aparición, es el de las primarias con voto de todos los afiliados para la elección del Presidente del partido, según la enmienda que propone Cristina Cifuentes desde la organización territorial de Madrid.

La propuesta y el debate es un ejercicio publicitario, sin mayor contenido y sustancia, estimulado desde la tendencia que querían adjudicarse como seña de identidad los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos que así lo predicaban desde los púlpitos de las tertulias televisas.

Como se ha demostrado después, la prédica era una filfa, pues Iglesias llegado el momento recurre al método de la purga, tan querido por los estalinistas y Rivera a la censura de la crítica y la persecución, al modo de Joseph Fouché , de quien las biografías recuerdan su habilidad para mantenerse en el poder a toda costa y que durante la Dictadura fue su representante en las provincias francesas para imponer el terror.

Si se quiere aportar rigor a la cuestión “qué debemos reformar para hacer más democrática la organización y vida de los partidos políticos”, lo que hay plantear no es la simpleza de la sustitución del voto electoral de los compromisarios por un modelo asambleario. Bastaría con que la elección de los compromisarios tuviera mayores garantías de participación, transparencia y democracia y no fuera un apaño desde los pequeños reinos de taifas de las organizaciones territoriales. Si se actúa sobre la base de la pirámide, habrá un cuerpo electoral más representativo y, por tanto, unos compromisarios más legitimados democráticamente.

En todo caso, la clave está en el sistema electoral general, más que en los estatutos de los partidos. Un sistema político no es de peor condición por razón de que esté basado en la democracia representativa, como en EEUU, donde al Presidente del Gobierno se le elige en un sistema indirecto de votos electorales.

Como sucede en la economía de mercado, lo fundamental es que la entrada en el sistema electoral tenga las menores barreras y ,por tanto, sea un espacio abierto.

Los distritos uninominales permiten una mayor accesibilidad en la presentación de las candidaturas y la proporcionalidad apunta un plus de representatividad, por lo que si sumamos ambas condiciones llegamos al modelo electoral alemán que incorpora una solución inteligente.

En el PP la Junta Directiva, en la que están presentes todos los diputados, senadores y parlamentarios europeos, más los presidentes de las organizaciones territoriales y los miembros elegidos en el Congreso del partido, representa la realidad de los dirigentes políticos. Por tanto, cuanto más democrático y menos digital sea su elección en origen, con mayor independencia y legitimidad actuaran en el máximo órgano entre Congresos y ejercerán mayor control sobre la ejecutiva.

Hace años, hubo una cierta polémica cuando en un Comité ejecutivo Miguel Herrero, siempre brillante e inteligente, quizás en demasía para lo que se gasta, utilizó la metáfora del minarete para describir en tiempos de Fraga a la cúpula del Partido Popular.

La cuestión, por tanto, viene de largo y Cristina Cifuentes que acumula sus tres últimos cargos por designación digital, el de ex Delegada del Gobierno, el de candidata a la Presidencia de la Comunidad y el de Presidenta de la Comisión Gestora del PP en Madrid, se ha desenvuelto en el modelo vigente con soltura, sin que pueda aventurarse que hubiera obtenido el mismo resultado en un sistema abierto con otros competidores o competidoras.

El segundo debate es el que propone FAES y que presenta con espíritu de contrición Alberto Ruiz Gallardón cuando dice que “el PP se ha avergonzado de defender sus ideas en busca de votos”. Aquí hay un vector que se mueve con una tendencia inversa al que representa Cristina Cifuentes, aunque las trayectorias electorales y la gestión de Gobierno no son comparables.

La frase es un auténtico topic que pide una reflexión más larga que el párrafo final de un artículo.

Desde Norberto Bobbio en sus libros “Las ideologías y el poder en crisis” y “Derecha e izquierda”, pasando por “El crepúsculo de las ideologías” de Gonzalo Fernández de la Mora, hasta llegar a la elección del empresario de éxito como Presidente en EEUU, el caso de Donald Trump , hay que reconocer que el topic estimula una tesis doctoral y una medición métrica de resultados electorales.

Simplemente le recuerdo a Alberto Ruiz Gallardón dos dogmas que ha repetido y aplicado. El político tiene que saber trasladar los sentimientos de los ciudadanos. Y entre el 1 y el 10, los electores sitúan su posición política en España en el 4,5.

En definitiva, ¿qué tanto por ciento de ideología y cuanto de practicismo para alcanzar el poder ponemos en el cesto de los partidos políticos?
Volvemos a la frase tan épica y española: “Más vale honra sin barcos qué barcos sin honra” que proclamó el marino Méndez Nuñez en 1865.

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