Democracia sólida igual a Constitución estable

Finaliza el año 2016 cuya vida política no ha sido memorable, en el que la Constitución de 1978 ha cumplido 38 años, una edad que para los hombres y las mujeres es de plena madurez. A esta edad  la vida laboral está en su plenitud, con  juventud, vitalidad y experiencia  y  la vida sentimental se ha estabilizado, cada uno según su elección, con familia o sin ella, pero ya superados los efluvios juveniles.

Sin embargo, a nuestra Constitución que es un texto legal, una norma fundamental, expositiva y descriptiva, de principios y de normativa y bajo cuyo contenido se pueden formular y aplicar diversas políticas, según quien gobierne, muchos se empeñan en jubilarla.

La escasa cultura constitucional de los revisionistas no se apoya en un criterio racional, de orden político o jurídico, sino que otorga un efecto mágico a la  reforma. Una vez mas el realismo mágico que alumbra una arcadia feliz, permanente en nuestra cultura de fracasos colectivos. Se niega y se desconoce el valor de la permanencia en el tiempo de los textos constitucionales, escritos y no escritos y su inserción con las Declaraciones y Tratados internacionales que integran la columna vertebral de la democracia y del Estado de Derecho.

Las Constituciones se reforman cuando se pretende cambiar el régimen político y hay una voluntad incontrovertible para ello. La Constitución Francesa, fechada 1958, instauró la V República. Recoge en su preámbulo la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano  de 1789 y está inspirada en el conocido discurso de Charles De Gaulle de 1946.En definitiva, es la Constitución de los franceses tras la II Guerra Mundial y la convulsión de la crisis de Argel.

La Constitución de Italia es de 1947, con un texto sintético similar a la española de 1978 y un procedimiento agravado de reforma constitucional, hasta el punto de que su último artículo, el 139, dice que la forma republicana no podrá ser objeto de revisión constitucional.

En Inglaterra no hay un único texto constitucional, siendo los fundamentales la Carta Magna de derechos de  los ciudadanos frente a la Corona de 1215 y la Carta de Derechos de 1689 que condensa los derechos y obligaciones del Parlamento y del Rey que tenía que consultar a la Cámara para aprobar o eliminar leyes o impuestos.

La Constitución de los Estados Unidos de América es de 1787 y dice en su preámbulo:NOSOTROS, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, estatuimos y sancionamos esta CONSTITUCION para los Estados Unidos de América.

Realmente un preámbulo memorable que sintetiza la razón de ser de los Estados Unidos.

¿Qué pensaran los franceses, italiano, británicos y norteamericanos de España, de sus políticos y de sus lideres,  cuando los sectores con influencia social, cultural o económica en aquellas naciones con una larga tradición democrática lean que cada 6 de diciembre en este país en vez de festejar los valores de la Constitución de 1978 se enzarza en un debate absurdo  y provinciano? Nuestra Constitución, que es un acato acordado y no impuesto, nos sacó de una dictadura y previamente nuestro país  tuvo  siete Constituciones desde 1812 y una guerra civil en 1936

Hoy, además, hay un marco normativo y jurisprudencial supra nacional en la Unión Europea que se une al texto y a la doctrina constitucional que aporta una interpretación actualizada de los derechos de los ciudadanos y de los límites del poder político y de los poderes públicos. Las sentencias del TJUE corrigen incluso la jurisprudencia del TS y obliga a su adaptación.

Los revisionistas patrocinan reforma de la Constitución con tres objetivos inamovibles: Insertar en la norma Constitucional  el derecho a decidir: una clausula abierta de disolución nacional. Sustituir la forma monárquica constitucional por la republicana. Y volar por los aires el principio de solidaridad entre los ciudadanos que define la Nación, asentando privilegios territoriales.

Esta es la estación término de los revisionistas que invocan en la versión light el choque de trenes y la reafirmación de derechos sociales que ya están reconocidos constitucionalmente y están siendo aplicados diariamente por jueces y tribunales, nacionales e internacionales.

El mensaje del Rey en la Navidad, escrupulosamente neutral en el decorado de los símbolos religiosos, reitera el valor de la convivencia bajo el marco constitucional

Confiemos en que en 2017 los políticos de España crezcan en madurez y aprecien la normalidad política, propia de las solidas democracias, sin deslizarse una vez más por el realismo mágico de las ensoñaciones.

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