El primer entierro de la LOMCE

Todos los partícipes, consejeros de educación de las Autonomías, estaban rebosantes de felicidad, el día en el que la Conferencia sectorial de educación dio el primer tajo a la yugular de la LOMCE que está llamada aquedar arrumbada o lo que es lo mismo, a una muerte lenta y sin piedad. El Consejo de Ministros del pasado viernes ejecutó la sentencia mediante un Real Decreto-Ley. La referencia de lo acordado no se aparta de lo que anticipó la Conferencia sectorial.

Hasta la entrada en vigor de la normativa resultante del Pacto de Estado social y político por la educación, las evaluaciones finales de Educación Primaria y de Educación Secundaria Obligatoria serán de carácter muestral, horrible palabro, para obtener datos representativos. En el supuesto de la ESO la evaluación se hará participando únicamente en ella el alumnado matriculado seleccionado por la Administración educativa, lo que permite predeterminar el resultado final de la muestra, seleccionando a los alumnos con mejor rendimiento, sin criterio objetivo. Esta evaluación no tendrá efectos académicos y su superación no será necesaria para la obtención del título de Graduado.

La evaluación final del bachillerato solo se realizará a los alumnos que quieran acceder a la Universidad y no tendrá otros efectos académicos. Se limitará a las materias troncales generales del último curso y las materias troncales de opción para subir nota.

En la información de la Conferencia sectorial se afirmó que, por supuesto, no se publicara un ranking de resultados, para que ningún territorio educativo se sienta incomodo por la puntuación. Poco tiempo les duró la alegría. El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, PISA, elaborado por la OCDE, refleja una un sistema educativo bipolar en España que sitúa a Castilla-León, Madrid y Navarra muy por encima de la media y a Andalucía, Extremadura, Murcia, Baleares y Canarias descolgadas en el furgón de local de la media de la OCDE.
Si la suspensión a divinis de la reválida es, pura y simplemente, una nueva devaluación del último intento de corrección del desolador panorama educativo que presenta España, la radiografía que aporta PISA es la constatación del fracaso del fraccionamiento del sistema educativo nacional en 17 modelos autonómicos. Y todo se hace en aras del propósito de llegar a un pacto por la educación que tenga cierta permanencia.

Hay que reconocer el optimismo pícnico del Ministro de Educación y Portavoz que espera no morir políticamente en el intento. Si además está convencido que es posible efectivamente llegar a un pacto, hay que reconocer que su optimismo es estratosférico.

El nudo del debate se sitúa en si son resolubles y susceptibles de acuerdo las tres cuestiones fundamentales de la educación en España. En primer lugar, la definición de la frontera que delimita las competencias del Estado y de las Comunidades Autónomas en el sistema educativo nacional que está puesta en cuestión desde hace años. Realmente la cuestión está en si se quiere un sistema educativo nacional o 17 sistemas educativos residenciados en las Autonomías que, en función del momento político y del Gobierno correspondiente, deciden cumplir o no la legislación del Estado y ,en todo caso, echarle la culpa de su propio fracaso. Las explicaciones que ha dado la Consejera de Andalucía demuestran la capacidad exculpatoria y de auto satisfacción de un Gobierno que se aproxima a los 40 años en el poder.

La experiencia demuestra que el proceso de descentralización en la educación no ha conseguido los objetivos que racionalmente debería cumplir. El modelo de las Autonomías no ha modificado la brecha territorial en la realidad económica y social ni en la eficiencia del sistema educativo, con algunas excepciones notables como Castilla León y Galicia.
La ecuación es rotunda. Comunidades con sistemas educativos con resultados deficientes son Comunidades que no progresan.

Esta realidad es tan tozuda que no hay un mapa que traduzca la demanda educativa simétrica al territorial. Es llamativo lo poco que se explica y se analiza la emigración para lograr una mejor formación entre unas Comunidades y otras y en el interior de las propias Autonomías, cuestión de la que ni se habla ni se quiere hablar.
Los alumnos que pueden, acceden a los centros universitarios de Madrid, Barcelona o Navarra, públicos o privados, buscando las mejores facultades para su carrera, lo que constituye una base indudable para el acceso futuro al mercado laboral. Y para ello, si es necesario, ya se trasladan para cursar el bachillerato. Lo de venir a Madrid a estudiar sigue igual que hace 30 años. Los que pueden y tienen más posibilidades personales o económicas se van a estudiar al extranjero.

En segundo lugar, el sistema educativo está profunda y doblemente ideologizado. Los sindicatos que han perdido presencia en sectores económicos productivos, sin embargo, mantienen todavía una posición relevante en la educación con una cierta capacidad de movilización. Además, desde los gobiernos nacionalistas de Cataluña y Euskadi, se utiliza el sistema educativo a través de la selección del profesorado y de los contenidos para profundizar y extender el sentimiento nacionalista, aunque para ello haya que olvidar el rigor histórico. En la Conferencia sectorial de Educación, la representación de Cataluña ha advertido que definirá y fijará el modelo de selectividad, aunque solo sirva para el acceso a las Universidades de Cataluña, aplicando absurdamente el principio de Juan Palomo en la era de la globalización.

No hay ningún interés en hacer un análisis riguroso de la evaluación general de la calidad del sistema educativo español que no quiere hablar de notas, suspensos, clasificaciones ni ranking, porque de esta manera se esconde y se camufla la realidad. Pero lo cierto es que los ranking y la valoración del sistema español es hoy accesible a cualquiera que tenga interés en acudir a los documentos de la OCDE, de la Fundación Humboldt, al Shangai ranking de la Universidad de Jiao Tong, al de suplemento educativo de The Times, llamado Higher o al Ranking Webometrics del laboratorio de internet del CINDOC.

Y la posición de nuestras universidades, como culminación del modelo educativo, está muy lejos de los primeros lugares. Los conocimientos y capacidades adquiridas en la etapa escolar y después en la Formación Profesional y en la Universidad dan una foto de un sistema educativo mediocre, donde ni el profesorado, ni los métodos ni la organización responden a las exigencias de calidad, globalización ni modernización que otros países hace tiempo que han conseguido.

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