Política: actividad de alto riesgo

Este país tiene un debate político oscilante y la legislatura presenta todas las características que permiten aventurar que continuará en esta dinámica el tiempo que dure. No hay síntomas de una sólida agenda y transitamos entre lo estructural, ámbito en el que no avanzamos y lo circunstancial, a lo que se otorga sin tenerlo valor sustantivo. En definitiva, un exceso de volatilidad política que distorsiona el debate.

El fallecimiento de Rita Barberá ha puesto en cuestión el comportamiento de los partidos y los medios de comunicación con los que se dedican a la política, especialmente cuando las circunstancias son adversas.
No hay que olvidar que la política es un actividad de alto riesgo. Esperanza Aguirre en sus años municipales, repetía que para dedicarse a la política hay que saber sufrir. Como se dice vulgarmente que no te importe comerte todo tipo de sapos. Rodolfo Martín Villa, con una visión previa más light, recomendaba que solo te dediques a la política si duermes bien, comes bien y haces buenas digestiones. Los cenáculos de Madrid durante la transición reunían en sus mesas a políticos de distintas formaciones que pactaban alrededor de una buena mesa. Las paredes y los manteles de Ciriaco en la calle Mayor o Jockey en Amador de los Ríos retienen en su memoria históricas conversaciones que dieron lugar a pactos y acuerdos de todo tipo.

Hoy los políticos comen menos juntos. Primero, por el qué dirán y después por el temor a ser increpado o insultado por algún comensal impertinente.

Por eso me ha llamado positivamente la atención la foto de la comida de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena y del Ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, buen gourmet y gourmand, según se tercie. Del almuerzo salió, sin duda, el nuevo proyecto de ampliación del Museo del Prado a cargo de Norman Foster y el arquitecto Carlo Rubio Carvajal que es una garantía de racionalidad y buen hacer en los proyectos urbanos.
La enseñanza es que hay que desdramatizar la política, relativizar las diferencias y huir de las estigmatizaciones. Hemos vivido y seguimos en ello, una etapa de líneas rojas y de descalificaciones agresivas desde algunos, políticos y medios, hacia otros, en una espiral que se estimulaba mutuamente y que hacía impracticable, no ya el acuerdo, sino el mero acercamiento.

En un país como el nuestro, en el que la Inquisición se instauró con éxito, no cabe duda que hay algún gen que reactiva este modo de comportamiento. Y estas actitudes solo favorece que la mediocridad más intensa ocupe los escalafones.

Los auto denominados nuevos partidos que se presentaban inmaculados e incorruptibles han azuzado interesadamente este fuego inquisitorial. Ciudadanos, inteligentemente, ha bajado algo el tono, al contrario que Podemos que practica el gamberrismo político como método permanente de acción política, lo que empieza a causar un evidente hartazgo en la gran opinión pública. Esta expresión de gamberrismo político la alumbró Alfonso Guerra que caló a Pablo Iglesias y compañía a la primera de cambio.

La muerte de Rita, el caso de Rita, ha provocado una mala conciencia en la dirección PP que, tras las primeras informaciones de las investigaciones judiciales en Valencia, actuó precipitadamente y presa del pánico. El miedo estaba sustentado en el precedente del caso Bárcenas, en el que la posición defendida por la Secretaria General, Cospedal, concluía considerando que había habido una reacción y respuesta tardía del partido.

Así que con Rita Barberá aplicaron un cortafuegos de acción rápida, como han hecho en otros asuntos menores y rompieron el cordón umbilical sin esperar siquiera a la toma de declaración ante el Supremo.

En el clima de guerra total y abierta en que hemos vivido los últimos tres años, con la corrupción instalada en la primera plana y los medios retándose diariamente por ganar el premio “scoop de la gran corrupción del mes”, no cabe duda que hay una cierta explicación, habida cuenta que la nueva dirección de vicesecretarios se movía exclusivamente para ganarse la dura prensa crítica, algo que obviamente no han conseguido.

Lo más lamentable de este proceso eran las declaraciones que adornaban las reflexiones. Así, Pablo Casado nos sorprendió un día diciendo que “hay vida fuera de la política”, aunque no sabemos nunca si él ha tenido alguna o la tendrá. Y la exalcaldesa de Valencia se encontró sin la mayoría absoluta que repetidamente había conseguido, abandonada a su suerte y lo que probablemente más le dolió, repudiada por los suyos.

En todo caso, en su final, junto al riesgo ordinario de la política que ha soportado bien Rita Barberá durante muchos años con una extraordinaria vitalidad, sin duda concurrían factores de riesgo vitales que provocaron su muerte.

Mariano Rajoy lo ha sentido sinceramente. Primero por afecto – Rajoy ha querido mantener su condición de persona en la política – y después por la impresión de una muerte súbita que recuerda la imperceptible frontera que separa la vida de la muerte.

Si el final de esta historia sirve para reconsiderar la crueldad innecesaria de la política y de la información y practicar mejores modos, formas y comportamientos, el caso Rita aportará un valor positivo.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *