Felipe en Sevilla y Mariano en Berlín

En su Sevilla natal en la que vivió 35 años y que nunca abandonó, en una convocatoria del Grupo Joly, Felipe González, con 74 años y 23 de Presidente del Gobierno, ha demostrado dos cosas: 1. Que los políticos de la transición –y es el único líder vivo de aquel tiempo, como él mismo recordó- tenían una capacidad y una personalidad política muy superior a los actuales. Y 2. Que está en plena forma cumpliendo una intensa agenda internacional desde Latinoamérica hasta Finlandia, con una amplia visión del mundo.

Su repaso de la situación política internacional y de los retos actuales fue un ejercicio de inteligencia e ironía. Empezó por situar el debate político en su autentico escenario, saliendo al paso de las cuestiones menores que inundan la información y la política.

Que la Ser se pase dos días en su prime time debatiendo si el exministro Fernández Díaz –que debió dimitir al día siguiente de que se publicaran las escuchas en su despacho del Ministerio del Interior, por ser incapaz de controlar su propia seguridad- recalaba en una Comisión u otra del Congreso de los Diputados, es una prueba de la isla mínima en que se ha convertido la política y la información.

Felipe González, habló de la globalización, del libre comercio, de la educación, de las pensiones, de la realidad de la contabilidad presupuestaria, de Estados Unidos y de Europa y se le entendió todo por un auditorio de empresariales, profesionales y algunos representantes socialistas de su tiempo y actuales que apreció su discurso y su ingenio dialéctico.

Su compromiso con España y con la democracia no ofreció duda. España debe mantener la unidad en la diversidad que es un concepto diferente del de pluralidad. Y advirtió frente al populismo que nos lleva a la no democracia y al deterioro social y económico, poniendo el ejemplo de la Venezuela de Maduro, reafirmando las posiciones socialdemócratas y centradas que debe mantener el socialismo. A Pablo Iglesias ni citarlo, para no darle ni una respuesta ni un titular.

Mientras Felipe González disertaba en una Sevilla radiante de noviembre, Mariano Rajoy compartía cumbre Europa-Obama, junto con Alemania, Francia, Italia y Reino Unido.

Una buena noticia y una muy positiva imagen para España que vuelve a la política internacional en un escenario de primer orden, tras el largo paréntesis electoral. Sin duda, la anfitriona Angela Merkel ha apoyado decididamente la presencia de Mariano Rajoy a quien ha considerado un principal aliado y le ha correspondido con su participación en la cumbre y la comida que han compartido.

Las próximas elecciones presidenciales en Francia –en las que se producirá un relevo de Hollande- y el crecimiento del movimiento 5 Stelle en Italia –donde Renzi tendrá que revalidar su mandato en 2018-, junto con la distancia que ha provocado el ‘Brexit’, justifica que Merkel quiera fortalecer su relación con el Gobierno de Rajoy, por convicción y oportunidad.

En esta legislatura, la política internacional va a adquirir una gran relevancia. El tablero se ha complicado extremadamente y la recomposición de los equilibrios generará tensiones e incertidumbres. Desde Moncloa se ha entendido la nueva situación y se incrementará la presencia internacional del presidente del Gobierno, como además ha sido habitual en los segundos mandatos de sus antecesores.

La composición del Gobierno así lo ha reflejado con un Ministro de Exteriores con un perfil técnico y por tanto mucho más constreñido políticamente que su antecesor, José Manuel García Margallo, y un evidente distribución de funciones entre los asuntos de política interior y parlamentarios, a cargo de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, el área económica con el tridente de Guindos, Montoro y Nadal, coordinados desde la Oficina del Presidente y la política internacional con un intenso protagonismo presidencial.

En Sevilla, el renovado PSOE con Susana Díaz al frente ha recibido el testigo y la lección de apertura del curso por Felipe González. Ahora Ferraz tendrá que cerrar heridas y preparar un Congreso que según Felipe González está en el horizonte de unos meses y coordinar una recomposición que es fundamental para aportar estabilidad a España.

El PP tiene que observar y favorecer inteligentemente el proceso. Y por tanto, evitar declaraciones como las que ha hecho la Presidenta de Madrid en relación con Andalucía. Désolé: con las veces que ha oído el discurso de Ruiz Gallardón que recalcaba el orgullo de Madrid por su contribución a la solidaridad y vertebración de España.
Se le puede aplicar lo que Felipe González ha dicho de Sánchez: “Ha intentado hacer lo mejor que sabía”.

Pero, probablemente, no sabía.

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