Felipe, vuelve

Los grandes avances en la historia de Europa y en España se han sustentado en el pacto alcanzado después de cruentas guerras. Los fundadores de la UE -Konrad Adenauer, Joseph Bech, Johan Willem Beyen, Winston Churchill, Alcide de Gasperi, Walter Hallstein, Sicco Mansholt, Jean Monnet, Robert Schuman, Paul-Henri Spaak y Altiero Spinelli- militaron en partidos demócratas cristiano, conservadores liberales y socialdemócratas.

En España, transcurrieron 40 años después de una guerra civil para que el país recuperase las libertades y la democracia, aprobase una Constitución y se incorporase a las instituciones europeas como un socio de pleno derecho.

Y este proceso de transformación, desde una dictadura a una democracia, recibió el nombre de transición.
El rey Juan Carlos I impulsó decidida y decisivamente la transición y moderó un gran pacto del que fueron principales protagonistas Adolfo Suárez y Felipe González con sus segundos Fernando Abril y Alfonso Guerra. Un pacto al que también se incorporaron decididamente Manuel Fraga y Santiago Carrillo.

Un pacto constitucional en el que nadie renunció a sus convicciones, pero todos buscaron los denominadores comunes, aportando generosidad e inteligencia, para conseguir un país plenamente europeo, libre y capaz de mirar el futuro desde la modernidad.

La construcción de Europa y la transición a la democracia en España no hubieran tenido éxito sin la plena participación de los socialistas europeos y españoles. El método del pacto está incorporado al acervo, al ADN de la democracia europea y española, de modo que en los momentos de graves crisis, los dirigentes pactan y sin renunciar a su ideología, acuerdan, apartan sus discrepancias y colaboran en el restablecimiento del modelo que se quiere preservar, ya que está sustentado por la mayoría de los ciudadanos.

Felipe González en sus declaraciones matinales a la SER ha diseccionado la situación política de bloqueo y situado a Pedro Sánchez ante el espejo sus propias inconsistencias, con la precisión de un cirujano. Ferraz arde y Pedro Sánchez está llevando a los socialistas a una crisis y una fractura gravísima, sin precedentes, que afecta a la propia estabilidad política del país, después de conducir al partido a unos resultados electorales que cada vez son peores, convocatoria tras convocatoria electoral, en la que el único objetivo es no ser superado por Podemos.

La posición de Sánchez y de lo que queda de su ejecutiva, es inexplicable. La torpeza, la incapacidad para ver algo más por delante que su supervivencia, la obstinación convertida en ideología y la negación de la realidad, como defensa para huir de ella y reconocerla, conforman un cuadro de patología política que solo conduce al desastre y la fractura.

Un desastre en el que se lleva por delante un partido histórico, hipoteca el futuro y, sobre todo, ahonda sin sentido en la crisis institucional derivada del bloqueo político. Ante la opinión pública Pedro Sánchez quiere situar el conflicto en el dilema abstención o no a la investidura de Rajoy. Una falacia que Felipe González ha desmontado: la cuestión es cómo explica el secretario general los 85 diputados de las elecciones del 26 de junio y los resultados de las vascas y las gallegas.

Pedro Sánchez ha fracasado rotundamente y no ha sido capaz de revertir el resultado de las elecciones de 2011 que causó la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba que obtuvo para el Grupo Parlamentario 110 diputados, 25 más que los actuales.

La historia demuestra que los electores dan la espalda a los partidos que sufren una división interna y no resuelven rápidamente sus conflictos. UCD desapareció tras una profunda división que tiene algunos elementos que hoy se reproducen en la crisis del PSOE. El aislamiento de líder, la incomunicación, el debate estratégico de la posición relativa a adoptar en el escenario de los partidos, la confrontación con los barones, los malos resultados electorales, son claves que actuaron en la desaparición de la UCD.

Los grandes partidos políticos en general han padecido una devaluación en el perfil de sus dirigentes. No han sido capaces de estimular incorporaciones y recambios de dirigentes con la misma experiencia, bagaje y sentido político que los que protagonizaron la transición. El empobrecimiento de la clase política, en la que prolifera la inmadurez y la inconsistencia, es uno de los problemas sistémicos del momento.

Nuevamente en la crisis de un partido, el peso de los dirigentes históricos recobra un papel protagonista en el intento de recuperar la senda de normalidad y dar una salida a la crisis. La confrontación en Ferraz, volada la ejecutiva federal, bloqueadas la cerradura de los despachos, con convocatorias paralelas y con la legitimidad de la dirección en el limbo, exige medidas urgentes y extraordinarias para recuperar el funcionamiento normal de la organización. Y ello exige volver la mirada a los dirigentes históricos para que estabilicen la organización y se impliquen en la resolución de la crisis.

España y los electores necesitan que el PSOE vuelva a la normalidad.

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