Crónica política de la cacería

Desde el día siguiente al 26 de junio se organizó la cacería. La izquierda política y los medios afines, a pesar del resultado, seguían pensando en un gobierno de izquierda, con o sin la investidura en la presidencia de Pedro Sánchez. Eso sí, jugaban a que el escenario de la segunda vuelta electoral electoral permitiría sumar los votos y abstenciones necesarias para situar en La Moncloa al líder socialista con el apoyo de Rivera-Cs y de Iglesias-Podemos que entraría en razón, más aún cuando había pasado del sorpasso al traspié.

El acuerdo de investidura entre el PP y Cs, torpedeado desde el exterior pero bien gestionado por La Moncloa y sin otra alternativa para el partido de Rivera que tenía que hacer de la necesidad virtud, tras el paso atrás en las segundas elecciones en las que la sobreactuación en el primer pacto con el PSOE le pasó la primera factura.

Nada nuevo bajo el sol de lo que la oposición pergeñó después del 20D.El objetivo se camuflaba bajo la leyenda, “las fuerzas del cambio”. Para ello era necesario situar a Mariano Rajoy en campo abierto, hacer fracasar la investidura y organizar la caza con la vista puesta en los juicios por los casos Gurtel y Barcenas en los que confían para derribar definitivamente al presidente del PP en quien se individualiza la siguiente tesis: el PP es un partido corrupto y debe ser inhabilitado para gobernar cualquiera que sea el resultado de la votación democrática de los ciudadanos.

Una tesis que refleja el uso alternativo de los votos de los ciudadanos según a quien presten su apoyo, en base a la supuesta legitimación de la izquierda que auto proclama una falsa superioridad moral.

En el intermedio, se produce el nombramiento de Soria para un puesto ejecutivo en el Banco Mundial y se recrudece la cacería de una pieza menor -el ex ministro está fuera de la política- y si no estuviéramos en un proceso de investidura versus tercera elecciones, la polémica hubiera durado quince minutos.

No hay más que recordar los nombramientos de Magdalena Álvarez, por cierto con responsabilidades judiciales vinculadas a su actividad política o de Bibiana Aido que emigró desde Alcalá de los Gazules a la sede de la ONU en Nueva York o la salida empresarial que tuvo el ex secretario de Estado de comunicación de Zapatero con motivo de la concesión de un canal de TV.

Soria no tiene ninguna responsabilidad judicial por sus cargos políticos, tampoco tiene ninguna responsabilidad personal conocida de índole fiscal por su vida privada o empresarial y solo tiene en su debe los errores cometidos en la explicación de su participación en la empresa familiar hace mas de 20 años y la referencia en los robados papeles de Panamá.
Pero el medio ambiente de la política está lleno de lodo y seguirá enrarecido: el dialogo ha sido sustituido por el navajeo y vale cualquier cosa para tener un minuto de gloria.

La partida se juega en dos tableros. En uno, PP y PSOE. En el otro, los cuatro partidos, todos contra todos, procurando los nuevos actores Rivera e Iglesias, desgastar y retomar la devaluada referencia a la casta.

El país, los ciudadanos, observan con una cierta distancia la singular situación de un Gobierno en funciones a quien se quiere inmovilizar y las declaraciones teatralizadas, las imposturas y la sobreactuación de los personajes de las fuerzas del cambio.
España necesita unos presupuestos y un escenario macroeconómico exigibles por pura racionalidad, si queremos mantener la recuperación económica y los compromisos derivados de la integración en la UE.

La limitación que establece la Ley para el Gobierno en funciones, no impide, ni tampoco lo excluye la Constitución, una proposición de ley de presentada en el Congreso por el Grupo parlamentario popular y el de Ciudadanos que contenga una estructura básica de presupuestos generales en materias como pensiones, funcionarios públicos, Comunidades Autónomas, créditos plurianuales y materias urgentes. Y veremos si los demás partidos tienen alguna posición y quieren debatir sobre la realidad o seguir hablando del nombramiento de Soria.

Lo que Rajoy y su Grupo parlamentario no deben aceptar es que este tiempo hasta las terceras elecciones -si definitivamente se convocan- se convierta en un aquelarre y un tiempo perdido para el país.

Y si es necesario, plantar palmeras en la nieve.

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