Mariano contra el doctor no

En la primera película de James Bond, estrenada en 1962, y protagonizada por el mejor 007, Sean Conery y la espectacular Úrsula Andress, el personaje creado por Ian Fleming se enfrenta al Dr. No que tenía su escondite en Crab Key, la isla del Cangrejo desde donde se disponía a sabotear el lanzamiento de cohetes desde Cabo Cañaveral. Todo empezó cuando en Jamaica tres asesinos conocidos como “los tres ratones ciegos” matan a un agente británico y su secretaria.

Pedro Sánchez es el Dr. No de la política española que desde la isla del Cangrejo – es un animal que camina hacia atrás- pretende alterar la ruta de este país que tiene que trazar una órbita que está guiada desde el Cabo Cañaveral de Bruselas. La visión de la realidad española, no ya de lo que ha sucedido en los últimos años, sino del punto exacto en el que nos encontramos en este momento, es tan divergente entre el PP y el PSOE que la corrección de la optometría que describe dónde estamos y relata a dónde vamos como país, se convierte en una misión imposible.

Pedro Sánchez es un político joven anclado en el pasado. Su relato es ininteligible e incomprensible en el ámbito de un partido como el PSOE que ha gobernado 22 años desde la Constitución de 1978 y que ha contribuido al proceso de modernización, integración en Europa y mejora social como ha reconocido Mariano Rajoy desde la tribuna del Congreso.

A Pedro Sánchez le delata con demasiada frecuencia no solo su lenguaje verbal -ha conjugado reiteradamente el verbo mentir como acusación al candidato en un remake del 11M- sino también su lenguaje gestual. Hoy desde la tribuna y el escaño ha reflejado tensión, con la mandíbula demasiado marcada y con la transmisión de la figura de un perdedor en política que es incapaz de rectificar.

La capacidad de interpretación de los distintos momentos es una de las habilidades necesarias para hacer política. Adaptabilidad, identificación de lo posible, capacidad de conjugar la discrepancia con el acuerdo, en definitiva esa afirmación tan simple que describe la política como el arte de lo posible.

Al menos este es el modelo de las democracias avanzadas en las que el conflicto social de los diferentes intereses se resuelve desde el pragmatismo y el encuentro en los puntos intermedios que matizan, corrigen o mejoran un escenario asentado en unos valores y principios básicos. Así se ha construido Europa como un modelo de convivencia que todos sus problemas y defectos hoy es el territorio más homogéneo en cuanto a derechos civiles, sociales y políticos.

La realidad de los Gobiernos determina además que la sucesión en el poder político se enmarque en una capacidad limitada de generar modelos sociales sustitutivos y radicalmente transformadores. Se gobierna y se construye desde el acervo de la acción de gobierno previa, de modo que no hay formulas mágicas y taumatúrgicas que cambien el rumbo de un país en el breve lapso de una legislatura.

Por eso las palabras continuidad y estabilidad son señas de cualificación de las democracias avanzadas y cuando se pretende irrumpir con el radicalismo, como ha sucedido en Grecia con Tsipras en su primer mandato , los mecanismos estabilizadores del sistema, internos y externos, son de tanta potencia que saltan las alarmas y se recupera la estabilidad.

Es cierto que al PSOE le ha crecido un modelo gemelar radicalizado, Podemos y Pablo Iglesias, que ha provocado en Ferraz un efecto de distorsión de la personalidad tan grave como el desdoblamiento del Dr. Jekill y Mister Hyde.
¿Qué quiere ser en el futuro el PSOE? El primer partido de una oposición plural y con una representación sin hegemonía de ningún partido o un partido de Gobierno que construye la alternativa impulsado por su propia fuerza electoral.

Su mimetización con Podemos y al que al mismo tiempo detesta de manera evidente -como el Dr. Jekill a Mr. Hyde- refleja una tensión interna en la dirección de Ferraz que ha sido incapaz de continuar la historia trazada por sus mayores y que dilapida elección tras elección.

Mariano Rajoy ha puesto encima de la mesa un pacto de investidura que si tuviera que etiquetarse ideológicamente está más cerca de los conceptos socialdemócratas que de los estándares conservadores y liberales.

La afirmación de Rivera, “los recortes se han acabado” – su futuro en un agencia de publicidad como creador de eslogan no tiene precio – es una prueba del aroma que desprenden las 150 medidas del pacto de investidura dirigidas a fortificar el acuerdo frente a los ataques de los medios y comunicadores situados en la izquierda militante.

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