Jugador de chica, perdedor de mus

El proceso de negociación y acuerdo para la formación de Gobierno en España tras las segundas elecciones del 26 de junio avanza con una incomprensible e inexplicable lentitud. Se van a cumplir dos meses desde la celebración de las elecciones y volvemos al rito que nos ofrecieron PSOE y C´s, ahora con PP y C´s de protagonistas, para confirmar que Albert Rivera y compañía, votarán a favor de la investidura de Mariano Rajoy que puede o no obtener los votos suficientes para ser Presidente del Gobierno el 30 de agosto, muy improbable, o el 2 de septiembre, todavía en el alero.

Los puntos de desacuerdo parece que son el modelo de contrato único de trabajo, el momento de aplicación de la exclusión de imputados por delitos en el ejercicio de la actividad política y matizaciones en relación con los autónomos, los impuestos y la baja por maternidad y paternidad.

Todo puede calificarse como cuestiones menores, irrelevantes para el gran cuerpo electoral, y resolubles en función de las disponibilidades reales presupuestarias y según criterios técnicos. Lo que es realmente preocupante es que todo este procedimiento que estrenamos de acuerdos para la investidura, bajo el copyright de Ciudadanos, primero con el PSOE y ahora con el PP, se haya convertido en un ritual insoportable, alejado de la realidad de los ciudadanos y en el que las grandes ideas que impulsan el ejercicio de la acción política se han convertido en cuestiones de categoría menor, más propias de reglamentos y órdenes ministeriales que dé un sólido y fundamentado acuerdo de Gobierno.

Albert Rivera y su extraña familia está encantados de representar el papel de liliput en la nueva política y haciendo depender el Gobierno de España, nuestra posición en Europa y en el mundo, nuestra arquitectura territorial, el futuro de las pensiones y el sistema fiscal, de si el permiso de maternidad y paternidad es de 26 semanas, y de si los autónomos tienen o no una cotización variable en función de los ingresos.

Y todo esto sin estar garantizada la investidura aritméticamente ni asegurado el pacto de Gobierno.
Nuestro sistema institucional para la elección de Presidente y consiguiente formación de Gobierno está reflejando una situación de colapso cuya patología no fue contemplada en la Constitución.

Y esta reflexión no significa que haya que cargar el tanto de culpa sobre los legisladores de 1978, pues la Ley Fundamental no contempló ni previó la manifiesta incapacidad de la oposición política para distinguir entre los conceptos de investidura y ejercicio del control político e iniciativa parlamentaria por los grupos.

La situación española actual se compara a la de Bélgica que no es un ejemplo a seguir y, además, es anecdótica en relación a la formación de gobiernos en Europa. Hoy el mundo real se comporta con otras formas y maneras y la agilidad y la rapidez en la toma de decisiones es el modo de actuación normal en la vida empresarial, profesional y social. La clase política española que lleva dos meses cobrando el sueldo sin trabajar – ocho meses los que están en la Diputación Permanente- vive en una campana de vacío representada en una mesa de negociación.

Con lo que bien que funcionan los grupos de whatsApp con lo que pueden resolver sin tanto postureo el plazo del permiso de maternidad o la cotización de los autónomos en un par de tardes.

Dónde quedan las grandes cuestiones de este país. Cómo resolvemos el déficit estructural que genera nuestro sistema territorial, que además no consigue reducir las desigualdades de PIB per cápita entre los territorios ricos y pobres después de 38 años. Qué es lo que falla.

De qué manera acometemos el futuro del sistema de pensiones que exigirá su segregación del sistema de Seguridad Social, incremento de la edad de jubilación e incentivo de sistemas complementarios privados, por mucho que la izquierda irreductible pretenda caminar en la dirección opuesta.

Qué posición vamos a llevar a Europa para abordar un nuevo impulso que quiere ser protagonizado por el eje Alemania, Francia e Italia mientras aquí se discute de reglamentos.

Cómo vamos a mantener un modelo de crecimiento de empleados públicos incompatible con el déficit precisamente en las Comunidades menos dinámicas y prósperas que optan por el clientelismo.

Y de la sanidad, la educación, la justicia, la modernización de las administraciones, ¿se oye algo?
¿Hay alguien ahí?

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