El pacto del puente de los candados

El fracaso del pacto entre Sánchez y Rivera para lograr la investidura del candidato socialista genera unas consecuencias inéditas en nuestra reciente historia constitucional. La primera duda a despejar es si el Rey debe presentar sucesivas propuestas de candidato a la investidura, como sostienen algunos constitucionalistas en base a una lectura literalista del artículo 99 de la Constitución.

El Jefe del Estado ya ha realizado dos propuestas – Mariano Rajoy y Pedro Sánchez- de conformidad con la estricta apreciación del resultado electoral del 20 de diciembre. Por tanto, se ha cumplido la previsión constitucional y si se llegase al 1 de mayo, en que se cumplen los dos meses desde la primera votación sin propuesta de candidato – el computo de meses de fecha a fecha según la doctrina del Tribunal Supremo finaliza el día 1 de mayo- se publicaría el 2 de mayo el decreto de disolución y convocatoria de elecciones para el domingo día 26 de junio.

El artículo 99 de la Constitución exige que transcurran dos meses desde la primera votación sin que ningún candidato obtenga la confianza, con lo que la última fecha para iniciar un proceso de investidura, teniendo en cuenta que hay que prever dos votaciones con 48 horas de diferencia, es el 29 de abril, último día hábil para celebrar el primer Pleno del Congreso en sesión de investidura.

En definitiva quedan 7 semanas efectivas desde el 7 de marzo hasta el lunes 25 de abril, como último día posible para la convocatoria de Pleno, presumiendo un plazo prudencial de 2 días para que los diputados fueran convocados con 48 horas de antelación.

La interpretación literal del artículo 99 de la Constitución que sostiene la necesidad de propuestas sucesivas de candidato por el Rey ya se ha cumplido y, por tanto, pueden transcurrir estas ocho semanas sin una nueva propuesta. Esta interpretación es la que ha sido trasladada a los medios de comunicación después de la audiencia del Jefe del Estado con el Presidente del Congreso, de modo que se abre un tiempo con o sin propuestas de candidato, en el que los distintos partidos definirán su estrategia, mientras el cronómetro transcurre inexorablemente.

Este procedimiento y esta lectura del texto constitucional es la más racional y acorde con el sentido finalista de la norma que no impone un candidato a fortiori en este plazo que transcurre desde la primera votación de investidura que resulte fallida.

La previsión Constitucional del artículo 99 de dos meses para la convocatoria de nuevas elecciones quizás fue excesivamente larga, teniendo en cuenta que desde el día 20 de diciembre de 2015 han transcurrido 70 días hasta la primera votación, por lo que el procedimiento de segundas elecciones no se hace efectivo hasta transcurridos 131 días desde las elecciones y su celebración después de más seis meses, 185 días. Un tiempo sin duda excesivo en el que, dada la falta de experiencia de los partidos en estas situaciones de pacto, solo puede servir para marear la perdiz electoral.

El PSOE y Ciudadanos, Sánchez y Rivera, han firmado el pacto de los cerrojos, como el puente de los candados que cubrían el puente de las Artes sobre el Sena a su paso por París. La aspiración de eternidad permanente en los hombres que necesitan reflejar en sus vidas y en el amor para alcanzar la transcendencia de lo humano que la realidad quiebra a diario. Y se han equivocado porque han elaborado un acuerdo de mínimos entre ellos y de máximos en relación a los demás partidos, tanto los que son fundamentales para alcanzar una votación favorable, PP y Podemos, como los minoritarios.

Un error estratégico en que ha incurrido Pedro Sánchez y ha colaborado activamente Rivera en relación con el Partido Popular, al que aplicaban un silogismo sustentado en una presupuesto falso política y aritméticamente: los más de siete millones de votantes del PP son irrelevantes- al igual que su candidato Mariano Rajoy a quien directamente se arroja a la hoguera de la purga sin remisión- y lo único que deben hacer es abstenerse en la investidura del candidato socialista a fin de que ponga en marcha un programa de derogaciones de las reformas que ha aprobado el Gobierno que era del PP y con mayoría absoluta por decisión de los ciudadanos en las elecciones de 2011.

Al mismo tiempo, han generado un segundo cordón político sanitario con Podemos, pues Sánchez y Rivera se han metido en un laberinto en el que el candidato socialista se ofrece voluntario desde la fila sin haber tejido un pacto acordado y, lo que es más necesario, que pueda llevarse a cabo, para no caer en el engaño a los ciudadanos ingenuos y en la melancolía de los escépticos.

La sobreactuación del acuerdo entre los dos políticos que más parecen dos boy scouts, solo ha servido para trazar tantas líneas rojas cuantos son los demás grupos parlamentarios representados en el Congreso y no se olvide, en el Senado.

Y al día siguiente, atrapados por lo firmado, dicen que es inamovible y que se han convertido en pareja de hecho.
Lo único que les falta es buscar un puente de los candados. Mi recomendación es el Puente Vecchio, en la reja que protege la estatua de Benvenutto Cellini, en la maravilla de la ciudad de Florencia iluminada suavemente la hora del atardecer.

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